Leonel Fernández cumple hoy 72 años y, como manda la costumbre —y la nostalgia—, recibirá saludos navideños en Funglode. Sí, en Funglode, ese espacio que cada diciembre se transforma en una especie de Palacio Nacional alterno, donde el tiempo parece detenido… y el poder también.
A las 10:00 de la mañana, el expresidente volverá a hacer lo que mejor sabe: recibir abrazos, elogios, promesas de lealtad y discursos que juran que “ahora sí” viene el retorno. Dirigentes, amigos, intelectuales y uno que otro despistado desfilarán para saludar al líder eterno, al hombre que nunca se fue… aunque ya no esté.
El saludo navideño de Leonel no es solo un cumpleaños: es un termómetro político. Allí se mide quién fue, quién sigue siendo y quién todavía cree. Funglode se convierte por unas horas en sede del recuerdo, del poder pasado y de la esperanza reciclada.
Mientras tanto, el país sigue en otra agenda: inflación, apagones, transporte caro y una clase política que celebra cumpleaños con más entusiasmo que soluciones. Pero hoy no se habla de eso. Hoy se habla de Leonel, de su legado, de su visión, y de que “todavía está entero”.
72 años no se cumplen todos los días. Y menos cuando se cumplen rodeado de discursos, cámaras, sonrisas forzadas y un partido que todavía busca convencer al país… y a sí mismo.
Felicidades al cumpleañero. El pastel está servido. La pregunta es: ¿el pueblo todavía tiene apetito?



