Por Abril Peña
Hoy celebramos el Día Internacional de las PYMEs, ese motor silencioso que impulsa la economía dominicana y que representa el 98 % del tejido empresarial del país. Pero más allá de los discursos optimistas y las notas institucionales, hay una realidad que incomoda: en República Dominicana, 3 de cada 4 pymes desaparecen antes de cumplir los tres años.
La cifra es brutal. Lo confirma un estudio citado por Acento en 2023, y es coherente con datos oficiales del MICM: cada año, el 11 % de las microempresas formales cierran, ahogadas por la falta de financiamiento asequible, las trabas burocráticas, la informalidad del entorno, o simplemente por no tener quién las acompañe en sus primeros pasos.
Y es que en este país, emprender no es para románticos: es un salto al vacío con los ojos vendados y sin red. El Estado anuncia programas, promueve centros mipymes, e incluso ha diseñado propuestas de simplificación tributaria que lamentablemente se han quedado en el papel, como la malograda reforma fiscal que proponía eliminar el anticipo del ISR y exonerar a las nuevas pymes por tres años. Medidas que, de haberse aprobado, hubiesen representado un respiro real para miles de pequeños negocios.
Pero no ocurrió. El proyecto fue retirado. Y mientras tanto, la realidad sigue igual: emprender en República Dominicana sigue siendo una apuesta de alto riesgo con muy poco respaldo estructural.
Sí, hay historias de éxito. Hay emprendedores que logran escalar, exportar, innovar. Pero son la excepción. La norma es distinta: son salones cerrando, colmados con las persianas abajo, start-ups frustradas, talleres quebrados, cafeterías vacías. Y detrás de cada uno de esos cierres, hay empleos perdidos, familias endeudadas y sueños que no sobrevivieron al primer tropiezo.
Si realmente queremos apoyar a las PYMEs, necesitamos algo más que homenajes simbólicos. Se necesitan reformas valientes, acceso real a crédito, tasas razonables, acompañamiento técnico y reglas claras que protejan al pequeño frente a los grandes. Porque las PYMEs no solo generan el 25 % del empleo formal y aportan casi el 20 % del PIB; son, sobre todo, una promesa de desarrollo con rostro humano.
Hoy es su día. Y más que felicitarlas, toca escucharlas.



