Hay temas que se vuelven sagrados. Y cuando un liderazgo se convierte en memoria histórica, tocarlo sin necesidad no solo es imprudente… también es injusto.
Eso es exactamente lo que vuelve a pasar cada vez que Ingrid Mendoza decide abrir un nuevo capítulo sobre la vida íntima y política del fenecido dirigente del PLD, Reinaldo Pared Pérez. Esta vez, asegurando que él tenía lista su carta de renuncia al partido desde enero de 2021, pero no la presentó por recomendaciones familiares.
La pregunta es sencilla: ¿Para qué remover lo que ya debe estar descansando en paz?
Reinaldo fue un político serio, disciplinado y con carácter. Si quiso hablar, habló. Si decidió callar, calló. Y si no renunció, fue porque él —no su entorno— tomó la decisión final. Reescribir su voluntad desde el duelo luce más a justificación tardía que a información necesaria.
Además, no es la primera vez que Ingrid revive episodios que solo alimentan el morbo político y reactivan viejas tensiones dentro del PLD. Cada intervención suya desata tormentas que ya no suman absolutamente nada, ni a su memoria, ni a la organización, ni al debate público.
Hay verdades que honran. Pero hay recuerdos que se respetan.
Y cuando una figura abandona este mundo, lo mínimo es permitir que descanse sin que su nombre se utilice —intencional o no— para reabrir heridas o recalentar pugnas internas.
Doña Ingrid: por amor, por respeto y por dignidad, deje descansar a Reinaldo. El país ya lo recuerda como lo que fue: un hombre serio, institucional y dedicado. Que así permanezca.



