El alcalde de Dajabón, Santiago Riverón, salió con una propuesta que parece más un empujón político que una política pública seria: impedir que cualquier extranjero compre terrenos en los pueblos fronterizos. Y claro, para justificarlo, sacó a relucir la Constitución haitiana. Sí, la de Haití.
Riverón le tiró la pelota a la ministra Faride Raful, como quien dice: “Mira, si ellos lo hacen, nosotros también”. Pero la frontera no se maneja como un colmado donde si el vecino pone un precio, tú pones otro más alto para competir. La seguridad fronteriza no es un “ojo por ojo”, ni mucho menos un “copy-paste” de leyes ajenas.
Lo curioso es que el alcalde hace este planteamiento en un momento donde lo que más hace falta en Dajabón es gestión real, inversión productiva y soluciones a los problemas de movilidad, comercio y seguridad. Pero nada: Riverón prefiere sonar rudo… aunque sea con propuestas que no pasan del titular.
La frontera no es un eslogan. Es responsabilidad, estrategia y cabeza fría.



