En febrero fue una pela, en mayo será una ‘golpeá’

Por pregoadmin

Por Jorge Lendeborg


Pasadas las elecciones municipales, he escuchado justificaciones, excusas y análisis sesgados de la oposición, pero evitando un análisis profundo sobre el porqué de los resultados electorales del pasado 18 de febrero.

La afirmación de que el gobierno compró 600,000 cédulas y otros 400,000 votos es un absurdo que solo cabe en las mentes de políticos sin el más mínimo conocimiento sobre estrategia electoral. La logística, y no solo la económica, para adulterar 1,000,000 de votos en 158 municipios del país, se requiere meses de planificación y cientos de horas de implementación. Este argumento ignora la realidad electoral actual. Si fuera tan fácil, la oposición que gobernó los últimos 20 años también lo hubiera hecho. Se expresan así, rehuyendo la realidad electoral del momento.

El PLD obtuvo lo que las encuestas indicaban: un 24%. El partido es estructura, y la estructura son los candidatos locales y sus equipos. El pasado 18 de febrero se manifestó, en su lucha por el liderazgo de la oposición y segundo lugar de la preferencia electoral, que el PLD mide 24%. Cualquier expectativa más allá de eso denota una falta de comprensión sobre la dinámica electoral. La Fuerza del Pueblo, por su parte, reflejó en las urnas el 14% de apoyo que indicaban las encuestas.

El PRM también debe ser analizado en este contexto. Los resultados de las pasadas elecciones fueron fieles al porcentaje e intención de votos del partido, un 49%. Esto demuestra que en las elecciones municipales se imponelas estructuras, mientras que en las presidenciales se impone la figura.

Aunque el factor dinero es importante en unas elecciones, no lo es todo. El desafío radica en competir con estrategias actualizadas y equipos eficientes. La estructura, la planificación, la estrategia y la capacidad de adaptación son claves para el éxito Y tanto el PLD como la Fuerza del Pueblo carecen de estrategias electorales definidas y ajustadas constantemente. En cambio, se centran en tácticas tradicionales y un plan de comunicación en redes sociales sin una táctica efectiva para ganar votos. Conozco a ambos partidos desde dentro y sé que ni unificados pueden competir con el gobierno.

En el caso del PLD, aunque cuenta con estrategas electorales y mentes de pensamiento crítico, estos no están integrados en el equipo central de la campaña. Su estrategia se limita a seguir las directrices de su candidato sin innovación, arrastre, ni liderazgo. En la FP, no existe un estratega político genuino en el proyecto del Dr. Fernández, ni una estrategia definida. La única estrategia es la vocería en medios tradicionales, que hoy ya no tienen influencia, y comunicación en sus propias redes que se limita a informar, no a comunicar un mensaje.

Si piensan que simplemente señalando que la comida está cara van a ganar un voto, deben reconsiderar su estrategia. No entienden la situación, porque el análisis está más allá de sus capacidades. Aunque el 79% de la población se queje del alto costo de la canasta familiar, este mismo porcentaje no elige a quién votar basándose en que el precio del pollo aumentó 10 pesos o el del plátano 5 pesos. Están más perdidos que el hijo de Lindbergh.

La compra de votos y la influencia del dinero en elecciones son problemas arraigados. Sin embargo, es un error pensar que esto solo afecta a un partido. La realidad es que todos los partidos, en mayor o menor medida, han utilizado estas tácticas. Los acusadores olvidan que ellos mismos han fomentado estas prácticas, organizando caravanas, marchas, encuentros y actividades mano a mano, donde implementan la entrega «de la logística». En este país, todo candidato, desde el regidor hasta el presidencial, paga por la asistencia a eventos, por acompañamiento en caravanas, por aplausos, por la promoción y por el apoyo durante la campaña. Entonces, si tu respaldo está construido sobre la base del dinero, lo lógico es que quien tenga más, se lleve la victoria el día de las elecciones.

Hoy el partido mayoritario no es el «Abstencionista», sino el QMDLM, que, aunque parezca la sigla de una organización izquierdista de los años 60, resuena más que los discursos grandilocuentes. La promesa del partido QMDLM («Que Me De Lo Mio») impacta profundamente en el electorado.

En las elecciones municipales, elementos como el partido, su estructura y el liderazgo local son fundamentales. Esto se reflejó en los resultados, donde el PLD obtuvo un 24%, la FP un 14% y el PRM un 49%. Sin embargo, para las elecciones de mayo, será el liderazgo individual de los candidatos lo que juegue un papel decisivo. Por eso, es importante que mis amigos del PLD se enfrenten a la realidad: su candidato, que en esta contienda es un “Peso Pluma” no alcanzaría 13% de los votos. Por otro lado, el candidato presidencial de la Fuerza del Pueblo, el amigo el Dr. Leonel Fernández, tiene el potencial de superar significativamente en votos del candidato “Peso Pluma del PLD”. El voto emocional y orgánico, que tiende a manifestarse con más fuerza en mayo que en febrero, jugará un papel crucial en estos resultados.

En vista de que ambos partidos tendrán ineficiencia en proveer la ‘sustancia’ –el dinero– a la que han acostumbrado a los votantes durante el proceso electoral, careciendo de un equipo estratégico efectivo, un plan sólido y una comunicación actualizada, liderada más allá de los métodos tradicionales por ‘dinosaurios’, y teniendo en cuenta la falta de una estructura efectiva (recordemos que ambas fallaron en febrero), sería poco razonable esperar un resultado distinto en las próximas elecciones. Para mayo, en una competencia entre “Peso Pluma”, Abel Martínez, y dos pesos pesados, personificados en Leonel Fernández y el presidente Luis Abinader, este último en su “Prime” y teniendo el apoyo de un equipo altamente capacitado, la ventaja de ser el actual titular y disponer de la estructura y logística necesarias para una victoria convincente, la contienda, aunque desafiante, para mi está clara: Luis Abinader 57%, Leonel Fernández 29%, y Abel “Peso Pluma” Martínez 13%, con un margen de error del 3%.

Las elecciones de febrero fueron una «Pela», las de mayo prometen ser una «Golpeá


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