Por Elías Hasboun
La decisión tomada en la tarde del pasado martes 29 de septiembre por la vicepresidenta de la República, Raquel Peña, fue, a nuestro entender, muy atinada al escoger como vocero político de su campaña al senador Daniel Rivera, una figura destacada por su rol en el Senado de la República, así como por su alto prestigio dentro del sector salud, sus aportes y su importante desempeño al frente del Ministerio de Salud Pública, sobre todo durante uno de los momentos más difíciles que atravesó nuestro país a causa de la pandemia.
A estas condiciones se suma su imponente peso político, al ser el representante en el Senado de Santiago, la segunda plaza electoral más importante del país, además de su experiencia, capacidad de concertación y trayectoria dentro del Partido Revolucionario Moderno.
Además de dar formalmente inicio a los trabajos en torno a su carrera por la candidatura presidencial del PRM y, posteriormente, por la Presidencia de la República Dominicana, este paso sirve para despejar definitivamente las dudas que algunos pretendieron sembrar sobre una supuesta inercia de la vicepresidenta en torno al proselitismo político, cuando esa prudencia tuvo su origen, precisamente, en su respeto a las leyes que rigen la materia electoral, al Partido Revolucionario Moderno y al presidente Luis Abinader.
Sirve también para desmentir a un sector del PRM que, inquieto ante el posible desarrollo de la gran maquinaria política que podría representar Raquel Peña, intentó confundir la militancia y desvirtuar sus legítimas aspiraciones, llegando incluso a dar por sentado un retiro que ella nunca pronunció.
Ese intento vil y deshonesto deja hoy más preguntas que respuestas.
Lo cierto es que falta un largo tramo hasta el próximo mes de octubre de 2027, y mucho puede suceder durante este trayecto. Raquel Peña apenas inicia formalmente su salida al terreno político, y su marcha y desarrollo podrían perfectamente coincidir con el descrecimiento de otros equipos que salieron prematuramente, procurando ocupar espacios antes de tiempo y exhibiendo una fortaleza que todavía tendrá que ser puesta a prueba.
Algunos de esos equipos incluso salieron revestidos de indumentarias ajenas, que próximamente les podrían ser quitadas por no representar ellos legítimamente los propósitos e intereses de su verdadero dueño.
Raquel Peña entra ahora en una nueva etapa. Lo hace con prudencia, pero también con la oportunidad de desarrollar una gran maquinaria política, sumar voluntades, recorrer el país, escuchar a las bases del PRM y demostrar en el terreno el verdadero alcance de sus aspiraciones.
Felicitamos nuevamente a la vicepresidenta por una decisión que consideramos atinada, así como al senador Daniel Rivera por la responsabilidad que acaba de asumir.



