Por Kelvin Ortiz Faña
Durante años, hablar de peajes en República Dominicana ha estado asociado casi exclusivamente al pago que realiza el ciudadano cuando transita por una determinada autopista. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a analizar qué ocurre después con esos recursos y cuál puede ser su impacto cuando son administrados con una visión orientada a la infraestructura.
Los datos presentados recientemente por el director general del Fideicomiso RD Vial, Hostos Rizik, permiten colocar este tema en una perspectiva diferente.
Entre enero y agosto de 2026, RD Vial ha desembolsado RD$16 mil millones para financiar proyectos ejecutados por el Ministerio de Obras Públicas. Más significativo todavía es que, desde 2021 hasta la fecha, los desembolsos superan los RD$70 mil millones.
No estamos hablando de cifras menores. Estamos hablando de recursos que permiten ampliar carreteras, construir circunvalaciones, levantar elevados, mantener corredores estratégicos y mejorar una red vial que constituye una de las principales arterias de la economía dominicana.
Hay otro dato que merece atención: las recaudaciones de RD Vial se encuentran un 10 % por encima de lo presupuestado para el período.
Cuando una institución pública supera sus proyecciones de ingresos y esos recursos se traducen en inversión, mantenimiento y servicios para los ciudadanos, estamos ante un círculo que debe ser valorado, pero también vigilado para garantizar su sostenibilidad y transparencia.
No basta con construir
Uno de los aspectos que considero más importantes de la estrategia presentada por Rizik es el énfasis en el mantenimiento. República Dominicana ha cometido históricamente el error de celebrar la inauguración de una obra y prestar menos atención a lo que ocurre cinco o diez años después.
Construir es importante. Conservar lo construido es igualmente fundamental.
Actualmente, RD Vial interviene más de 3,500 kilómetros de carreteras mediante trabajos de limpieza, mantenimiento de imbornales, señalización horizontal y vertical y colocación de elementos reflectivos.
Más interesante resulta el nuevo esquema que pretende asignar responsables específicos para cada tramo.
Si una baranda de seguridad resulta dañada, por ejemplo, la empresa responsable deberá sustituirla en un máximo de 48 horas. Y la acumulación de incumplimientos puede provocar la cancelación del contrato.
Ese modelo introduce algo indispensable en la administración pública: responsabilidad.
El ciudadano no necesita saber únicamente quién construyó una carretera. Necesita saber quién responde cuando esa carretera comienza a deteriorarse.
Carreteras más seguras y modernas
También resulta positiva la apuesta por la iluminación.
RD Vial reporta unas 10,000 lámparas instaladas y aproximadamente 250 kilómetros de carreteras iluminadas. La meta para finalizar 2026 es alcanzar los 500 kilómetros de la red vial troncal. Quien conduce frecuentemente por las carreteras dominicanas conoce la diferencia que representa transitar por una vía correctamente iluminada y señalizada.
No es solamente un asunto estético. Es seguridad vial.
Y si hablamos de modernización, necesariamente debemos referirnos a los peajes.
Las largas filas para realizar un pago deberían convertirse progresivamente en una imagen del pasado. El primer pórtico electrónico instalado en Las Américas representa un paso hacia un sistema en el que los vehículos puedan desplazarse sin detenerse frente a una caseta.
La proyectada integración de Paso Rápido con el marbete electrónico podría representar una transformación todavía mayor. República Dominicana necesita carreteras del siglo XXI, pero también necesita sistemas de cobro y gestión del siglo XXI.
Una infraestructura que también debe servir
Otro elemento que merece reconocimiento es el fortalecimiento de la asistencia vial.
Más de 300 unidades, entre patrullas, talleres móviles y ambulancias, han sido incorporadas para prestar servicios durante las 24 horas.
Una carretera moderna no puede medirse exclusivamente por la calidad del asfalto.
Debe medirse también por la señalización, iluminación, mantenimiento, capacidad de respuesta ante accidentes y asistencia que recibe una persona cuando queda varada.
Ahí comienza a cambiar el concepto tradicional de infraestructura.
Convertir recaudación en desarrollo
Los resultados presentados por RD Vial muestran la importancia que puede tener un fideicomiso cuando sus ingresos encuentran un propósito claramente vinculado con las necesidades del país.
Pero los buenos números también aumentan las responsabilidades.
Mientras mayores sean las recaudaciones y los desembolsos, mayor debe ser igualmente la transparencia, la fiscalización y la capacidad de mostrarle al ciudadano dónde está cada peso y qué resultados está produciendo.
Hostos Rizik tiene actualmente bajo su responsabilidad una institución que se ha convertido en una pieza relevante del financiamiento de la infraestructura vial dominicana. El desafío será consolidar estos avances y lograr que el crecimiento de las recaudaciones continúe reflejándose directamente en mejores carreteras y mejores servicios.
Porque detrás de los RD$16 mil millones desembolsados solamente durante los primeros ocho meses de este año y de los más de RD$70 mil millones canalizados desde 2021 hay una oportunidad mucho mayor.
La oportunidad de demostrar que el dinero que sale de los bolsillos de quienes utilizan nuestras carreteras puede regresar a ellos convertido en infraestructura, seguridad, conectividad y desarrollo.



