Especial Gente Noticias

Ramón Alburquerque: el arquitecto de la energía y la ley

Compartir

Por Abril Peña

Si bien la política fue su escenario público, la ingeniería y la economía aplicada fueron sus verdaderas herramientas de transformación del Estado. El legado de Ramón Alburquerque en el andamiaje institucional de la República Dominicana es profundo y, sobre todo, técnico. No legislaba por intuición ni por consignas: lo hacía desde el cálculo, el rigor científico y una comprensión estructural del país.

El padre de la Ley de Hidrocarburos (112-00)

Uno de los hitos más relevantes de su trayectoria legislativa fue la concepción e impulso de la Ley 112-00 sobre Hidrocarburos. En un país donde el mercado de los combustibles operaba sin reglas claras, Alburquerque diseñó un marco legal destinado a transparentar la formación de precios y establecer un impuesto específico que permitiera al Estado una planificación fiscal más predecible y sostenible.

Para él, los combustibles no eran un simple bien de consumo: constituían un eje de seguridad nacional. Por eso defendía una regulación estricta, técnica y despolitizada, consciente de que la energía condiciona la estabilidad económica, social y geopolítica de cualquier nación.

Un visionario del sector eléctrico y de las energías renovables

Como experto en termodinámica y planificación económica, Alburquerque fue uno de los críticos más severos del sistema eléctrico dominicano, pero también uno de los más propositivos. Su enfoque nunca fue destructivo, sino correctivo.

– Transición energética: Advirtió tempranamente que la dependencia del carbón y del gas natural era financieramente insostenible a largo plazo. Su defensa de la energía eólica y solar no respondía a modas ambientalistas, sino a una estrategia de soberanía económica y reducción de vulnerabilidades externas.

– El hidrógeno verde: En sus últimos años se convirtió en uno de los principales divulgadores y defensores del hidrógeno verde en el país. Visualizaba a la República Dominicana no solo como consumidora, sino como potencial productora y exportadora de energía limpia hacia el Caribe, insertándose en la nueva geopolítica energética global.

### Defensor de los recursos naturales y de las tierras raras

Su paso por la Comisión Nacional Técnica Forestal (CONATEF) dejó una huella determinante en la protección del patrimonio ambiental. Bajo su liderazgo técnico y legislativo se reforzó la defensa de áreas estratégicas como el Parque Nacional Valle Nuevo y la Sierra de Bahoruco, entendidas no solo como reservas ecológicas, sino como activos estratégicos del país.

Más recientemente, su voz fue una de las más autorizadas en el debate sobre las tierras raras en el sur dominicano. Alburquerque insistió en que su eventual explotación debía realizarse bajo un modelo de “minería patriótica”, donde la tecnología garantizara el menor impacto ambiental posible y la mayor rentabilidad social, rompiendo con los esquemas extractivistas tradicionales que históricamente han empobrecido a los países productores.

Gestión pública desde la ciencia

Su huella técnica también quedó marcada en las instituciones que dirigió:

– INDOTEC: Desde donde impulsó la investigación, la innovación y el desarrollo industrial como pilares del crecimiento nacional.

– REFIDOMSA: Como presidente de la Refinería Dominicana de Petróleo, aplicó su formación como ingeniero químico para optimizar la gestión de los derivados del crudo y fortalecer la capacidad operativa del Estado en un sector altamente sensible.

Un legado técnico para el Estado dominicano

Ramón Alburquerque demostró que la política puede —y debe— sustentarse en conocimiento profundo. Su legado legislativo, energético y técnico queda como una hoja de ruta para quienes aspiren a dirigir los sectores estratégicos del país con dominio de causa, responsabilidad histórica y algo cada vez más escaso: rigor intelectual.