Poliamor: La extraña relación amorosa entre Simone de Beauvoir y Jean Poul Sartre, dos filósofos del siglo XX

Por Yari Tapia
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Por Yari Tapia


El poliamor o poligamia es un tema que hasta hace pocos años era un tabú y se podría decir que estaba prohibido incluso hacer mención de ello.

Sin embargo en el siglo pasado, cuando se suponía que tener ciertos gustos era condenado por la sociedad, surge el amor entre dos jóvenes estudiantes de filosofía: Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, quienes no les dieron importancia a lo que estaba socialmente establecido y aceptado, y se lanzaron a vivir la aventura de su vida, la poligamia.

Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir, siempre fue una niña solitaria, apegada a su papá,  Georges Bertrand de Beauvoir, quien enseñó el amor por los libros y el razonamiento. Con su padre siempre tuvo una buena relación, a diferencia de la madre, quien no la aceptaba por esta ser bisexual y además porque desde adolescente se rebeló contra la fe familiar declarándose atea y considerando que la religión era una manera de subyugar al ser humano.

Mientras que Jean Paul Sartre continuamente vivió como un infante consentido y ególatra hasta que tuvo que despertar de ese mundo en que vivía y darse cuenta que el planeta de los adultos estaba lleno de mentiras. Por una especie de complejo de inferioridad, Sartre buscó siempre el refugio en las féminas, el alcohol, las drogas y la filosofía.

Se conocieron en la famosa Ciudad del Amor, París, en el año 1929, cuando ambos eran estudiantes de filosofía, el amor de estos dos jóvenes estaba complementado por la literatura y la admiración que sentía el uno por el otro, se podría decir que se basaba en la sapiosexualidad. Pero cabe mencionar que cuando Jean Poul conoció a Simone quedó deslumbrado por tanta belleza y esa actitud de mujer independiente.

Los intelectuales jóvenes enamorados nunca se casaron, nunca vivieron juntos, era un amor de libertad, donde se permitían amantes, y lo más extraño de todo esto era que disfrutaban de contarse sus aventuras clandestinas, cuando por cualquier razón tenían que distanciarse.

Un ejemplo de ello es la relación que mantuvo Simone con  el joven Claude Lanzmann, quien tenía 27 años cuando se convirtió en su amante y ella tenia 44, en julio de 1952. Ninguno de los dos ocultó jamás esa rara relación que se prolongó durante siete años y que la escritora y filósofa conjugó como ese balance perfecto entre ella y Jean-Paul Sartre, que hizo que resplandecer sus sentimientos y fortalecer el amor que se manifestaron hasta la muerte de este.

Sin embrago, Claude Lanzmann fue el único con el que Simone Beauvoir llegó a convivir, algo que ni siquiera hizo con el filosofo impulsor del existencialismo, Sartre.

Algo que no deja de sorprenderme es ese amor tan puro y sincero que se profesaban ambos a través de sus múltiples cartas, siempre dejaban entrever por medio de sus escritos la necesidad carnal y espiritual que sentían, ese vacío que solo se llenaba en ellos con la presencia del uno en el otro.

Tanto las cartas de Simone hacia Sartre como viceversa estaban cargadas de un amor inagotable y fortalecido a pesar de no tenerse físicamente en esos momentos, aquí dos de ellas:


Carta de Simone de Beauvoir a Jean Poul Sartre 

27 Julio de 1938

Querido pequeño ser:

Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: “¿De qué se ríe?”. Y le contesté: “Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo”. Y replicó: “Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía”. Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño.

Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.

Te beso tiernamente,

tu Castor.


Cartas de Jean Poul Sartre a Simone de Beauvoir                      1                                                                                        

Año 1939

Mi pequeño castor

“Si usted se acostara en este estrecho jergón, a mi lado, me encontraría muy a gusto y se me derretiría el corazón. Pero no será así y tendré que oír los ronquidos sonoros de alguien.

Ay, amor mío, cómo la amo a usted y cómo la necesito. La amo con todas mis fuerzas Así se manifestaba Sartre, en 1939, siendo soldado, cuando por primera vez se separó de su Simone de Beauvoir, a quien siempre trató de usted (y viceversa) y a quien llamó, hasta su muerte, con el apodo de Castor.Sartre le escribía prácticamente a diario, contándole todos sus quehaceres con detalle, sin olvidar sus actividades militares. Las cartas de Beauvoir no llegaban con regularidad y el filósofo, que en aquella época escribía La edad de la razón, se impacientaba: “Estoy algo nervioso, porque empiezo a esperar sus cartas con esfuerzo. Piense usted, por favor, que desde el sábado no he recibido ninguna. Hace diez años que la conozco y es la primera vez que ocurre esto. Amor mío, cómo me gustaría recibir noticias suyas. Mi encantador Castor, que ya me ha ofrecido diez años de felicidad, la amo a usted y la beso con todas mis fuerzas”.

                                                                                   2

Mi querida niña , como te dije, lo que te hace falta es amistad. Pero ahora es el momento para un consejo más práctico. ¿Podrías encontrar a una amiga? ¿Cómo es que Toulouse no tiene ninguna mujer inteligente y digna de ti? Pero no tendrías que amarla. Aunque tú siempre estás lista para dar amor, es lo que se obtiene más fácilmente de ti. No hablo de tu amor por mí, el cual va mucho más allá de eso, sino que eres dadivosa con pequeños amores secundarios, como aquella noche en Thiviers donde amaste a aquel peatón que caminaba cuesta abajo en la oscuridad, quien resultó ser yo. Conoce el sentimiento, libre de cariño, que surge de ser dos. Es difícil porque toda amistad, incluso la de dos hombres de temple fuerte, tienen sus momentos de amor. Tengo que consolar a mi amigo en duelo para amarlo; es una sentimiento fácilmente debilitado y distorsionado. Pero tú eres capaz de él y debes experimentarlo. Pese a tu misantropía ¿has imaginado qué bella aventura sería buscar en Toulouse a una mujer digna de tu amistad y de quien te podrías enamorar? No te preocupes por el lado físico o social de la situación y busca honestamente. Si no encuentras a nadie hazte amiga de Henri Pons, a quien ya casi no quieres.

Te amo con todo mi corazón.


Fueron 51 años que estos dos filósofos dedicaron a amarse sin medidas, sin celos, sin mentiras y sin tabúes. Fue una extraña pareja.  Sartre siempre se consideró polígamo y Simone, una feminista que no aceptaba ser de un solo hombre.

Primero se hicieron fieles amigos amigos, luego fueron pareja, tuvieron otros amores, pero se amaron con locura y  fueron compañeros hasta el final.


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