Cumplir 65 años no te quita reflejos.
Te quita dos años de vigencia en la licencia.
Así funciona el actual reglamento dominicano, y ahí está el problema.
La norma presume que, después de los 65 años, todos somos un riesgo.
No evalúa: castiga por calendario.
Y eso tiene nombre: discriminación por edad.
Sabemos que la seguridad vial exige reglas.
Pero esas disposiciones deben apuntar al comportamiento y no, necesariamente, al calendario.
Los requerimientos relacionados con la licencia y la edad deben separarse.
La edad puede activar una revisión más rigurosa, pero jamás puede condicionar o reemplazar la renovación del documento para conducir vehículos de motor.
La responsabilidad al conducir se demuestra al volante, no en el carnet que llevamos en la cartera.
Mientras la norma siga presumiendo lo que debería probar, el debate seguirá abierto y, por tanto, continuarán existiendo personas experimentadas frente al volante que pierden su licencia por una fecha, no por su forma de manejar.
Un conductor de 68 años que maneja 20,000 km al año sin infracciones representa menos riesgo que un conductor de 22 años que recorre 5,000 km con tres multas por exceso de velocidad.
Presumir incapacidad por edad es administrativamente cómodo, pero eso no significa, de ninguna manera, que sea justo ni mucho menos efectivo.
Tal como lo ha manifestado el prestigioso y experimentado jurista: “La edad no debe presumir incapacidad”.
Y tiene razón.
El artículo 39 de la Constitución prohíbe la discriminación por edad y obliga al Estado dominicano a proteger a los adultos mayores, no a prescindir de ellos.
Los datos tampoco ayudan a sostener esa presunción.
Los jóvenes de 18 a 25 años tienen la tasa más alta de accidentes de tránsito por kilómetro recorrido.
En cambio, los mayores de 65 años manejan menos y, por tanto, chocan menos por kilómetro. Y cuando colisionan, generalmente es por fragilidad física, no por imprudencia.
Eso lo saben hasta los llamados “chinos de Bonao”.
Ahora bien, la solución no es ignorar la edad.
El asunto es utilizar ese parámetro como señal para exigir una reevaluación médica individual, no como sustituto de la licencia de conducir.
Si la persona aprueba los exámenes de visión, reacción y movilidad, debe poder renovar su documento igual que cualquier otra persona.
Mientras sigamos regulando por cumpleaños y no por capacidad, tendremos dos problemas: conductores aptos fuera de la vía y conductores incapaces —e incluso imprudentes— dentro de ella, solo porque aún no cumplen 65.
La seguridad vial se defiende evaluando personas, no fechas.
Siendo así, ya es hora de despojarnos de ser protagonistas de tantos “gadejos y algo más”.
Que así sea…
POR JUAN CRUZ TRIFFOLIO



