Editorial

No basta con construir estadios también hay que construir héroes

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@abrilpenaabreu

A medida que se acercan los Juegos Centroamericanos y del Caribe, el debate público gira casi exclusivamente alrededor de las instalaciones deportivas, hablamos de si estarán listas a tiempo, de cuánto se ha invertido, de la calidad de los escenarios y de la imagen que proyectará el país ante la región, todo eso importa… ¿pero es lo único que importa?

Pero hay una pregunta mucho más importante que casi nadie se está haciendo: ¿quiénes son los dominicanos que defenderán nuestra bandera?

La mayoría de nosotros no podría reconocer el rostro de muchos de los atletas que dedicarán años de entrenamiento para representar a la República Dominicana, sabemos cuánto costó un estadio, pero desconocemos quién es la joven que buscará una medalla en atletismo o el muchacho que competirá en judo, natación, esgrima o levantamiento de pesas y ese es un problema.

Las grandes competencias deportivas no solo sirven para ganar medallas, también son una oportunidad para construir referentes sociales. Cada atleta puede convertirse en un ejemplo de disciplina, perseverancia, sacrificio y superación para miles de niños y adolescentes que hoy buscan modelos a seguir en una sociedad saturada de contenidos donde muchas veces se premia la polémica, la superficialidad o la fama sin esfuerzo.

Cuando un niño conoce la historia de un campeón entiende que el éxito también puede llegar madrugando para entrenar, renunciando a comodidades y trabajando durante años por un sueño, por eso la inversión no debe terminar cuando se inaugura una instalación deportiva.

También debemos invertir en hacer visibles a nuestros atletas.

No para convertirlos en celebridades vacías, sino para convertirlos en referentes, para que sus nombres sean conocidos. Para que sus historias inspiren. Para que aparezcan en campañas públicas, en escuelas, en medios de comunicación y en las vallas que hoy casi siempre están reservadas para artistas, políticos o figuras del entretenimiento.

Porque cuando una sociedad decide quién ocupa sus espacios de mayor visibilidad también está decidiendo qué valores quiere promover, imaginen el impacto de que un niño vea cada mañana el rostro de una campeona dominicana camino a la escuela, que conozca su historia. Que descubra que proviene de un barrio parecido al suyo y que, gracias al deporte, pudo representar a todo un país.

Ese mensaje vale mucho más que cualquier discurso.

Los Juegos Centroamericanos y del Caribe pueden dejar un legado físico en forma de modernas instalaciones deportivas. Pero el legado más importante sería otro: que al terminar la competencia toda la República Dominicana conozca a sus atletas, celebre sus historias y los convierta en los nuevos rostros de una generación que necesita creer que el éxito también se alcanza con disciplina, esfuerzo y trabajo.

Porque los estadios se construyen una sola vez, los héroes deportivos pueden inspirar durante generaciones.