Por Carlos Matos Economista
El gobierno ha depositado ante el Congreso el Proyecto de Presupuesto General del Estado para 2027 por RD$2 billones 84 mil millones. Es el presupuesto más grande de nuestra historia. Lo vende como un presupuesto de inversión, de desarrollo social y de sostenibilidad fiscal. Pero cuando se le quita el celofán, lo que queda es lo mismo de siempre: un presupuesto de inercia que pone cemento arriba y deja la madera podrida abajo.
No es un mal presupuesto. Es un presupuesto que no se atreve.
Primera falencia: un déficit que se normalizó. El Gobierno Central proyecta ingresos por RD$1,510,574 millones y gastos por RD$1,837,856 millones. El hueco: RD$327,281 millones, un 3.4% del PIB. El superávit primario es de apenas 0.3% del PIB. Traducción en buen dominicano: estamos pidiendo prestado para pagar intereses de lo que ya debemos. Hace diez años eso era una emergencia. Hoy lo llamamos «sostenible». No lo es.
Segunda falencia: somos un país con ingresos de país pobre. Recaudamos 15.7% del PIB. Chile recauda 23%, Uruguay 26%. No es que los dominicanos no paguen impuestos, es que el sistema está roto: RD$280,000 millones se evaden cada año y RD$350,000 millones se perdonan en exenciones. El Presupuesto 2027 no toca nada de eso. No hay reforma tributaria. Entonces, ¿cómo tapamos el hueco? Con deuda y con ITBIS.
Tercera falencia: el gasto corriente se come la reforma. El gobierno celebra que el gasto de capital sube 19.7% hasta RD$257,763 millones, mientras el corriente solo sube 12.3%. Suena bien. Pero en pesos contantes, el gasto corriente es de RD$1.58 billones contra RD$257 mil millones de capital. Por cada peso que va a una escuela o a un metro, seis pesos se van a nómina, subsidio y transferencias. La nómina pública ha crecido 40% entre 2020 y 2026.
Cuarta falencia: supuestos de país en Suiza. El presupuesto asume que creceremos 4.75% y que la inflación será 4.5%. El FMI proyecta 4.4% y el petróleo sigue por encima de 90 dólares. ¿Cuál es el plan B si el crecimiento es menor? No hay.
Quinta falencia: inversión concentrada y con olor a campaña. De los RD$111,609 millones para 1,306 proyectos, el 58% se va a solo tres obras: Monorriel de Santiago, Línea 2C del Metro y saneamiento del Ozama. ¿Y el mantenimiento de carreteras? ¿Y el drenaje pluvial del Distrito? Solo 8% del gasto de capital va a mantenimiento.
Sexta falencia: gasto social grande pero ciego. Se destinan RD$364,399 millones a educación, RD$198,727 millones a salud y RD$317,340 millones a protección social. Son cifras récord. Pero Supérate, Bono Luz y Bono Gas siguen sin padrón único real. Más de 20% de beneficiarios están duplicados. Es mucho dinero para poco impacto.
Última falencia: la EDE que no se ve. El subsidio eléctrico no aparece con nombre y apellido. Está escondido en «transferencias corrientes» por más de RD$85,000 millones. Mientras sigamos perdiendo 30% de la energía entre robo y falta de cobro, ningún presupuesto será sostenible.
Al final, el PGE 2027 es lo que advertíamos: prefiere poner cemento bonito arriba que hacer la cirugía abajo. Es un presupuesto que quiere ser de desarrollo sin reforma tributaria, que quiere ser eficiente sin recortar nómina y que quiere ser sostenible sin tocar las EDE.
Los presupuestos no quiebran países de un día para otro. Los van debilitando poco a poco, hasta que viene una crisis y nos damos cuenta que estábamos parados sobre un muelle de cartón.



