Opinión

David Collado entendió algo que muchos en política aprenden demasiado tarde…

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Por Salvador Holguín

Diciendo lo que otros callan.


Por años he dicho algo que pocos se atreven a reconocer públicamente en la política dominicana: el poder no solamente se construye con popularidad, dinero, marketing y encuestas; también se edifica con inteligencia emocional, disciplina, humildad estratégica y comprensión del liderazgo real coyuntural, y parece que mi amigo y hermano popi, David Collado, finalmente entendió esa realidad, aunque un poco tímido…

Qué bueno que David se llevó de mis humildes consejos y recomendaciones, ya que en los últimos meses ha comenzado a modificar sus formas, discursos, manejos y exposiciones públicas con relación al presidente y líder del PRM, Luis Rodolfo Abinader. Ya Collado no luce acelerado ni proyectando una ruptura prematura con el poder de Abinader, ahora habla con más prudencia, más tacto político y más conciencia de la realidad interna del Partido Revolucionario Moderno.

Recientemente David Collado dejó claro que la fecha de su salida del Gobierno del jefe de Estado, Luis Abinader Corona, para dedicarse de lleno a su proyecto presidencial depende, en gran parte, del presidente Abinader y otra parte de él, esa expresión, aunque muchos no la entiendan, políticamente fue correcta e inteligente por parte de David. ¿Por qué? Porque a los líderes no se les frontea, no se les hace sombra, no se les pulsea y mucho menos se les desafía desde dentro mientras están sentados en la silla presidencial. Eso casi nunca termina bien y Luis Abinader no sería la excepción.

En política, el liderazgo presidencial tiene un peso enorme dentro y fuera de los partidos, especialmente cuando se trata de una organización construida alrededor de una figura de poder. Y aunque algunos intenten minimizarlo, el presidente Luis Rodolfo Abinader hoy controla mayoritariamente gran parte de las decisiones estratégicas, institucionales y electorales dentro del PRM.

David Collado estaba cometiendo un error garrafal que muchos comenzaron a notar dentro y fuera del gobierno: en múltiples actividades, inauguraciones y eventos nacionales e internacionales, evitaba mencionar con fuerza a su jefe, líder político y presidente, Luis Abinader Corona. Y aunque para algunos eso podía parecer un simple pormenor, en política los detalles matan proyectos y cuando vienen a reaccionar ya es demasiado tarde.

Ese comportamiento empezó a generar incomodidad dentro del entorno presidencial de Luis Abinader, en funcionarios, dirigentes y sectores importantes de las altas instancias del PRM. Comenzó a crecer la percepción de que David quería construir una figura presidencial independiente del liderazgo de Abinader y el partido, proyectándose por encima del propio mandatario. Y eso, en cualquier estructura de poder, genera resistencia.

Es verdad que David Collado tiene carisma, imagen, manejo mediático y aceptación popular. ¡Nadie puede negarlo! Pero una candidatura presidencial no se construye solamente con likes, encuestas y percepción pública, también necesita estructura sólida interna, aliados, operadores políticos y, sobre todo, no tener al líder del poder en contra o que no sienta que te controla.

Si David no cuenta plenamente con el respaldo del expresidente Hipólito Mejía y sus estructuras, entonces obligatoriamente necesita el apoyo, o mínimo el “no rechazo”, de Luis Abinader. Porque hoy, guste o no, los dos grandes centros de poder dentro del PRM son Hipólito y Abinader. Pero el presidente tiene una ventaja determinante: además de ser el jefe del Estado y tener la firma de los decretos, es quien terminó consolidando y construyendo el PRM tras la destrucción y división del PRD.

Muchos dirigentes jóvenes creen que la política moderna se maneja solamente con redes sociales, marketing y publicidad. ¡Grave error! La política real sigue funcionando con liderazgo, poder, control, estructura, relaciones y fuerza partidaria. El ministro David Collado, inteligentemente, parece haber comenzado a entenderlo antes de que fuera demasiado tarde. Porque en política, el que desafía al poder sin estar preparado para derrotarlo, termina aplastado por la misma autoridad que subestimó.