Por Nicolás Mateo
Pese a que Luis Abinader ha enarbolado como eslogan de campaña la honestidad, esta es desmentida por los diversos escandalos de corruciٔón que cada semana sacuden al gobierno. Solo este mes el país se estremeció con la licitación aparentemente amañada del Instituto de Transito Terrestre (INTRANT), y la compra de unos tiburones en el Acuario Nacional, que no aparecen ni en centros espiritistas,
De igual forma, otra licitacion un tanto oscura en el Instituto de Educación Física (INEFI), en las que fue favorecida la ex ministra de la Juventud cancelada por un escándalo de corrución, Kimberly Taveras; la rifa de campaña hecha por el director de Promipyme, y el gasto de mas de 11 millones de pesos en comida en el Consejo Estatal del Azucar (CEA), cuyos empleados fueron usados para cocinarlas, lo que aparenta ser un negocio de la administración.
Pese a que Abinader, y sus funcionarios, repiten como un disco rayado que este es un gobierno honesto y transparente, la honestidad y la transparencia son justamente los 2 valores de los que mas escasea esta gestion del Partido Revolucionario Moderno (PRM), que aprueba leyes de forma clandestina que afectan el patrimonio nacional, como la 66-23, hecha a la Carrera para posiblitar la prolongación del contrato de los aeropuertos, cuya negociación se hizo de forma subrepticia, y de la que el país se enteró cuando todo estaba consumado.
En el llamado gobierno honesto, donde esta propia gestion ha realizado mas de 20 auditorias y en todas, absolutamente en todas, la Contraloría General de la República ha encontrado serias irregularidades, la directora del Departemento de Etica Gubernamental, Dra. Milafros Ortiz Bosch, se ha abrogado la facultad de ser juez y parte y de calificar de subsanables todos los indicios de corrupción encontrados en esta administración.



