El Pregonero, Santo Domingo. – Ante las recientes declaraciones emitidas por la representación diplomática de los Estados Unidos en el país, en las que se advierte a la población dominicana sobre los riesgos de utilizar dispositivos electrónicos de fabricación china, el Centro Dominicano de Estudios sobre China (Cendoesch) considera pertinente aportar una reflexión crítica que trascienda la coyuntura y aborde la naturaleza estructural del problema.
No se trata aquí de defender a un fabricante ni a un Estado en particular, sino de advertir sobre una inconsistencia discursiva que amenaza la capacidad de las naciones en desarrollo para ejercer su soberanía digital con criterio propio.
La paradoja del guardián: Acusar desde el historial
La advertencia estadounidense parte de una premisa problemática: asumir que la amenaza a la privacidad es un fenómeno geográficamente localizable y externo a Occidente. Esta postura ignora que la era moderna de la vigilancia masiva no fue inaugurada por las telecomunicaciones chinas, sino por la arquitectura de inteligencia estadounidense, cuya escala y profundidad han sido ampliamente documentadas.
Hablar de «espionaje chino» en abstracto, mientras se omite el historial concreto de Occidente, no es un ejercicio de seguridad, sino de amnesia selectiva.
Hechos concretos que configuran el verdadero ecosistema de vigilancia global:
1. La vigilancia como política de Estado contra aliados:
El caso de la intervención telefónica a la Canciller alemana, Angela Merkel, no es un rumor ni una teoría conspirativa; es un hecho verificado, filtrado por Edward Snowden en 2013 y admitido a regañadientes por Washington. Este episodio es conceptualmente devastador para la narrativa actual: si la principal potencia tecnológica de Occidente espía a los líderes de sus propios aliados estratégicos, ¿cuál es la base moral o técnica para señalar a terceros como amenazas únicas a la privacidad?
2. La mercantilización de la privacidad (El modelo Facebook):
Mientras el debate actual se centra en la posibilidad de que un Estado acceda a los datos, se ignora el modelo ya consumado de extracción de datos por parte de corporaciones estadounidenses. El caso Facebook-Cambridge Analytica demostró empíricamente cómo los datos personales de millones de ciudadanos globales fueron recolectados, procesados y vendidos con fines de manipulación política y comercial. Aquí no hablamos de espionaje estatal encubierto, sino de un capitalismo de vigilancia explícito, legalizado y estructurado desde Silicon Valley.
3. La arquitectura PRISM: La colaboración forzada del sector privado:
Las revelaciones de Snowden no solo demostraron espionaje, sino un modelo de gobernanza de la red. Programas como PRISM evidenciaron que las principales plataformas digitales estadounidenses (Google, Apple, Microsoft, Yahoo) operaban, bajo requerimiento judicial secreto, como extensiones de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Es decir, la infraestructura digital estadounidense no es neutral; está integrada, de facto, al aparato de inteligencia de su Estado.
Conclusión: Hacia una soberanía tecnológica crítica
Desde el Cendoesch no pedimos a la población que ignore los riesgos de seguridad; pedimos que los evalúe con rigor y sin sesgos geopolíticos. La verdadera amenaza a la privacidad global no proviene de un solo país, sino de un modelo de hiperconectividad desregulada donde el dato es el nuevo petróleo y la vigilancia, el nuevo panóptico.
Advertir contra la tecnología china sin mencionar el expediente de vigilancia de Occidente no es proteger al ciudadano dominicano; es negarle el contexto necesario para comprender el tablero global. La República Dominicana no debe elegir entre un espía y otro, sino exigir transparencia, auditorías y soberanía tecnológica real frente a todas las potencias.
Creemos en un debate maduro, basado en evidencia y en el respeto a la inteligencia del pueblo dominicano.



