Editorial

Turismo sin infraestructura: el riesgo de apostar todo a una sola carta

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@abrilpenaabreu

La imagen es impactante: llamas devorando un hotel frente a las aguas turquesas de Bayahíbe, pero el verdadero incendio que debería preocuparnos no es el que consumió parte de un complejo turísticos, es el que lleva años avanzando silenciosamente bajo nuestro modelo de desarrollo.

República Dominicana ha colocado una parte importante de sus esperanzas económicas en el turismo y no sin razones. El sector genera empleos, atrae divisas, impulsa inversiones y proyecta al país ante el mundo. Sin embargo, cuando una nación apuesta tanto por una industria, también adquiere la obligación de construir todo lo necesario para sostenerla.

Por eso el incendio ocurrido en Bayahíbe no debe verse únicamente como una tragedia aislada ni como un hecho desafortunado que será olvidado cuando desaparezcan los titulares. Debe servir como una advertencia.

La pregunta no es solamente cómo comenzó el fuego, la pregunta es si nuestras zonas turísticas están preparadas para responder cuando ocurre una emergencia.

En distintas demarcaciones turísticas del país, autoridades locales, líderes comunitarios y residentes llevan años denunciando la insuficiencia de hospitales, escuelas, sistemas de agua potable, estaciones de bomberos, infraestructuras viales y servicios públicos. Mientras la promoción internacional vende destinos paradisíacos, muchas de las comunidades que sostienen esa industria continúan enfrentando carencias básicas.

Y ahí está el verdadero problema. No se trata únicamente de recibir más turistas. Se trata de tener la capacidad de atenderlos cuando llegan. Se trata de garantizar que existan hospitales suficientes para responder a una emergencia masiva. Que los cuerpos de bomberos cuenten con equipos modernos. Que los sistemas de agua funcionen. Que las carreteras permitan evacuaciones rápidas. Que las comunidades donde trabajan miles de empleados hoteleros tengan servicios dignos.

Porque cuando falla la infraestructura, el riesgo no distingue entre turistas y residentes. El éxito turístico no puede medirse únicamente por la cantidad de habitaciones construidas ni por los récords de visitantes anunciados cada año. Debe medirse también por la capacidad de los territorios para absorber ese crecimiento sin colapsar.

De poco sirve aparecer en las campañas promocionales más ambiciosas del Caribe si las comunidades receptoras no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar una crisis.

La República Dominicana necesita una conversación seria sobre el siguiente paso de su desarrollo turístico. No basta con construir más hoteles. Hay que construir más país. Cada nueva inversión turística debería venir acompañada de inversiones equivalentes en infraestructura pública, salud, agua potable, seguridad, gestión de riesgos y servicios comunitarios. Porque el turismo sostenible no es solo el que protege las playas y los recursos naturales. Es también el que fortalece las comunidades que lo hacen posible.

El incendio de Bayahíbe debe investigarse hasta sus últimas consecuencias. Pero una vez se apaguen las llamas, quedará una pregunta más importante: ¿estamos construyendo destinos turísticos o simplemente estamos construyendo hoteles?

La respuesta definirá no solo el futuro del turismo dominicano, sino también la calidad de vida de millones de dominicanos que viven en los territorios donde esa industria se desarrolla. Y esa es una discusión que ya no admite más retrasos.