Por Fausto Montes de Oca
Algunos con intención, otros sin ella, han criticado esta alianza, sobre la base de que surgió desabrida, al no estar apadrinada por las figuras más preponderantes de las organizaciones firmantes. Piensan que esta alianza es similar a la alianza de 1996, ignorando que esta alianza tiene características totalmente diferentes.
Esta es una alianza donde dos de los principales partidos firmantes tienen candidatos propios, ambos con intenciones legítimas de ser presidentes en mayo de 2024. Si los convocantes de la alianza hubieran anunciado a un solo candidato presidencial de dicho conglomerado, entonces sí habría tenido el efecto que todos han criticado, pero no.
Esta alianza hay que verla como una alianza especial, no como se conocen regularmente las alianzas políticas, las cuales consisten en un grupo de organizaciones que apoyan a un candidato en específico. Esta alianza empezó un recorrido, donde su primera parada es febrero, en las municipales, luego en mayo en las presidenciales y congresuales, y si hay una segunda vuelta, entonces se agotará esa última fase.
Hay que comprender al PRM y sus aliados, ellos pretenden posicionar la idea de que es una alianza sin brillo, donde los actores principales no dan la cara, desconociendo que la alianza está en la fase de articulación de la propuesta municipal. Una vez agotada esa fase, el liderazgo y las organizaciones aliancistas promoverán a todos los candidatos del acuerdo sin importar el partido que los postule.
Esa dinámica se extenderá a lo congresual, dejando solo la parte presidencial a los candidatos, donde estos harán su mejor esfuerzo para ganar en primera vuelta, y de no conquistar la presidencia en ese primer escenario, entonces apoyarán a quien pasó al siguiente nivel del proceso electoral. Visto así, no es difícil de entender, pero es mejor para la oposición tratar de negar lo que se les viene encima.



