La mal llamada Sociedad Civil debiera de verse en el espejo de los políticos, quienes cada vez menos disfrutan del respeto de la gente y cuya credibilidad ha caído en el transcurso de los años, el fenómeno no es del patio, de hecho el problema es mundial, lo que le ha dado oportunidad a outsiders venidos desde la “sociedad” de entrar pisando fuerte al terreno político, lo que no significa garantías de que serán mejores, de hecho los casos de éxito se pueden contar.
Pero como no nos escapamos al fenómeno, hay que decir que los civiles vestidos ya de políticos, están dejando un mal sabor de boca en las sociedad dominicana, muchos de los verdes, de los opinadores profesionales, figuras de prestancia o las caras de camadas anteriores a la marcha, luego de criticar hasta el cansancio todo lo habido por haber, ejercen un silencio pasmoso, cuando no es que se enquistado en el Estado y de vez en cuando y de cuando en vez meten la pata por no decir otra cosa, acabando con las esperanzas de muchos que creían que serían diferentes, cuando no es dándole la razón al dicho aquel: “Quieres saber quién es fulanito dale un carguito”
Las últimas dos perlas han sido Bartolomé Pujals , Carlos Pimentel e incluso Hugo Beras que aunque ya tiene un tiempo en política viene del mundo de la comunicación y aunque todos puedan salir más o menos limpios de los diferentes impasses que enfrenten, lo cierto es que mucha más gente de la que se cree se siente estafada y más temprano que tarde esa desazón se convertirá en un malestar mayor, porque se preguntarán en quien creer, por lo que hay que preguntarse se vale la pena el riesgo, después de todo, ser político se está convirtiendo en sinónimo de descrédito a pesar de que la mayoría realmente nunca se han ensuciado las manos, pero esos pocos que lo han hecho son suficientes para crear la percepción.
También es una lección para los partidos políticos que siguen aceptando a “figuras” de otros lares en detrimento de los propios, dándoles una preeminencia que en muchos casos no se han ganado políticamente hablando, en un intento de aprovechar la incidencia de los mismos o de coger los mangos bajitos en la carrera por el favor del electorado.



