Por Nena Rodriguez
El Pregonero, Santo Domingo – La educadora educativa a Rosa Aritza hizo un llamado a madres y padres de familia para reflexionar sobre los mensajes que transmiten a sus hijos en la vida cotidiana, especialmente en relación con la mentira.
“La mentira es como el agua: entra, entra y entra por donde quiera”, señaló, al explicar que una vez que se normaliza, resulta casi imposible detenerla.
Aritza advirtió que enseñar a mentir desde la infancia puede tener consecuencias difíciles de controlar en la vida adulta.
“No enseñen a los niños a mentir. en la vida adulta, entonces, no es posible controlarlo”.
La especialista ejemplificó estas conductas con situaciones comunes en el hogar, como pedirle a un niño que diga que “no hay nadie” cuando entra una llamada telefónica.
Según explicó, los niños pequeños aún no tienen la capacidad de abstraer o separar claramente lo que es verdad de lo que es mentira, por lo que replican literalmente lo que escuchan de los adultos.
“Dice mi mamá que aquí no hay nadie”, repite el niño, evidenciando cómo aprende el engaño como una conducta válida.



