Editorial

Por qué seguimos sin respuestas? Cuando un incendio termina, ¿también debería comenzar la rendición de cuentas

Compartir

@abrilpenaabreu

Cada vez que un gran incendio sacude a la República Dominicana ocurre el mismo ciclo. Las llamas ocupan los titulares. Las imágenes se vuelven virales. Los bomberos trabajan durante horas. Las autoridades anuncian que se realizará un peritaje. Los medios cubren la emergencia durante algunos días… y luego el tema desaparece.

Pero hay una pregunta que casi nunca vuelve a hacerse: ¿Qué provocó el incendio? Esta semana volvió a ocurrir. Una nueva sucursal de L&R Comercial fue consumida por las llamas. Lo llamativo no es solo la magnitud del siniestro, sino que se trata de la segunda tienda de la empresa que se incendia en menos de un año.

Y eso obliga a plantear una inquietud que va mucho más allá de una empresa en particular. ¿Se hizo público el informe del primer incendio?

Si la causa fue una falla eléctrica, ¿qué medidas se adoptaron para evitar que volviera a ocurrir? Si hubo negligencia, ¿quién respondió por ella?

Y si fue un hecho fortuito, ¿qué recomendaciones técnicas se emitieron para reducir el riesgo en las demás sucursales?

Hasta donde conoce la opinión pública, esas respuestas nunca llegaron.

Este no es un cuestionamiento exclusivo a L&R. Es un problema mucho más amplio. En los últimos años el país ha registrado incendios en hoteles, plazas comerciales, industrias, almacenes, edificios públicos y negocios privados. Cada uno genera titulares durante horas, pero rara vez conocemos el desenlace de la investigación.

No se trata de alimentar teorías conspirativas ni de insinuar que existe una mano criminal detrás de cada incendio. Sería irresponsable hacerlo sin pruebas.

Precisamente por eso hacen falta investigaciones transparentes.

Porque si un incendio fue provocado por un cortocircuito, entonces el país necesita saber qué falló y qué se hizo para corregirlo.

Si fue consecuencia del incumplimiento de normas de seguridad, la ciudadanía tiene derecho a conocer si hubo sanciones y si otros establecimientos similares fueron inspeccionados.

Y si fue un accidente imposible de prever, también es importante explicarlo. Lo preocupante no es únicamente el incendio. Lo preocupante es que, meses después, seguimos sin saber qué ocurrió.

Una investigación que nunca se comunica termina siendo, para efectos de la confianza ciudadana, casi lo mismo que una investigación inexistente.

La transparencia no consiste únicamente en abrir un expediente. Consiste en cerrar el ciclo informando a la sociedad qué pasó, por qué pasó y qué cambiará para que no vuelva a suceder. Porque el verdadero objetivo de un peritaje no debería ser únicamente determinar la causa de un incendio.

Debería ser evitar el siguiente. Y esa es la gran pregunta que hoy merece una respuesta. Después del primer incendio, ¿qué aprendimos? Porque si la respuesta es “no lo sabemos”, entonces el problema ya no es solamente el fuego. Es la ausencia de información pública.

La prevención no comienza cuando llegan los bomberos. Comienza cuando las investigaciones se traducen en cambios reales y cuando las instituciones le explican a la ciudadanía qué ocurrió y qué están haciendo para que la historia no vuelva a repetirse.