Por Ramon A. Rodriguez Veras
General ®️ de la Policía Nacional, graduado en Seguridad Pública y Alto Mando policial en la Academia de Ciencias Policiales de Carabineros de Chile, Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y es Licenciado en Administración de Empresas
La República Dominicana se encuentra hoy ante un reto educativo que pone en juego su futuro social, económico y democrático. Aunque en los últimos años ha habido signos alentadores en la asistencia y cobertura escolar, el fenómeno del ausentismo y la deserción escolar continúa minando las oportunidades de niños, niñas y adolescentes, comprometiendo la calidad educativa y el capital humano del país.
Veamos el panorama actual del ausentismo y la deserción escolar. En el contexto dominicano, el ausentismo —la reiterada ausencia de estudiantes de los centros educativos— emerge como una señal de alarma social y educativa. La falta de asistencia prolongada no solo refleja dificultades individuales, sino también desafíos estructurales, como la pobreza, la falta de apoyo familiar, la sobreedad escolar y las brechas de acceso que se agudizan en zonas rurales y en poblaciones vulnerables.
Estudios detallados muestran que una parte considerable de estudiantes experimenta sobreedad (estar más años de la cuenta en un grado), un factor estrechamente relacionado con la exclusión educativa y el abandono. Por ejemplo, casi una quinta parte de los alumnos de primaria y más de una cuarta parte en los primeros ciclos de secundaria presentan sobreedad significativa. Esta condición se asocia directamente con mayores posibilidades de deserción.
Si bien los indicadores oficiales recientes señalan mejoras en asistencia y reducción de abandono escolar (por ejemplo, la tasa de abandono en secundaria bajó de 5.9 % a 4.9 % en un período reciente), estos avances aún conviven con retos profundos que requieren atención continua y sostenida.
Las causas del ausentismo y la deserción escolar en República Dominicana son múltiples y complejas, entre las cuales destacan: 1. Factores socioeconómicos, la pobreza, la necesidad de trabajar desde edades tempranas y la falta de recursos familiares limitan la capacidad de los estudiantes para permanecer en la escuela, especialmente en secundaria. 2.
Sobreedad y rezago académico, estudiantes con edades superiores a las correspondientes a su grado tienen más probabilidad de frustrarse y abandonar la escuela. 3. Transición difícil entre niveles educativos, la transición entre primaria y secundaria y dentro de los ciclos medios es un punto crítico donde muchos jóvenes dejan la escuela, lo que agrava la deserción. 4. Calidad educativa limitada, además de la asistencia, existen preocupaciones sobre la eficacia del aprendizaje —el sistema educativo dominicano requiere un avance significativo en calidad para que los estudiantes no solo estén presentes, sino que aprendan de manera efectiva.
El problema del abandono escolar no es exclusivo de República Dominicana, sino una realidad extendida en América Latina y el Caribe, donde informes del Banco Interamericano de Desarrollo señalan que cerca del 27 % de los estudiantes abandona antes de completar la educación secundaria en varios países. En República Dominicana las estadísticas se agravan en adolescentes, debido a que, de cada 100 adolescentes de 12 a 14 años, 10 están fuera de la escuela, mientras que 25 de cada 100 estudiantes de 15 a 17 años no asisten a los centros educativos. A nivel regional, mientras algunos países progresan con políticas eficaces, otros enfrentan obstáculos similares a los de República Dominicana: brechas de equidad, rezago profundo, y educación de calidad desigual.
A lo largo de América Latina diversos enfoques han mostrado resultados prometedores para reducir la deserción escolar: 1. Intervenciones basadas en evidencia, programas que transmiten información sobre los beneficios de permanecer en la escuela han demostrado ser efectivos para motivar a adolescentes y reducir el abandono temprano. 2. Tutorías y apoyos académicos, intervenciones de apoyo académico individualizado y programas de tutoría han sido asociados con una mayor retención estudiantil en varios países de la región. 3. Modelos de retención escolar implementados internacionalmente, estudios han documentado políticas y programas en países como México y Chile que buscan específicamente entender y abordar las causas de abandono y diseñar soluciones adaptadas a contextos locales.
Para enfrentar la encrucijada del ausentismo y deserción, se propone un plan integral basado en lecciones regionales: 1. Medición y detección temprana, desarrollar sistemas robustos de alerta para identificar a estudiantes en riesgo de abandono (indicadores de ausentismo, sobreedad, bajo rendimiento). 2. Programas de apoyo académico, implementar tutorías y programas de refuerzo para estudiantes en riesgo, especialmente en zonas rurales o con altos niveles de rezago. 3. Comunicación de beneficios de la educación, fortalecer campañas de información basadas en evidencia sobre los beneficios económicos, sociales y personales de completar la educación. 4. Incentivos y apoyos socioeconómicos, explorar modelos de apoyo que conecten asistencia y rendimiento académico con beneficios directos a estudiantes o familias. 5. Participación comunitaria, promover el compromiso de familias y comunidades como entornos de apoyo al aprendizaje y permanencia en la escuela. 6. Evaluación y adaptación continua, monitorear la implementación de políticas, evaluar su impacto y ajustar estrategias de forma iterativa según resultados y contextos locales.
Si las políticas integrales para reducir la deserción escolar no son implementadas, el destino de muchos jóvenes dominicanos está marcado por menores oportunidades laborales formales, al carecer de certificaciones educativas completas; mayor vulnerabilidad económica y social, perpetuando ciclos de pobreza intergeneracional; mayor riesgo de marginación social y exposición a situaciones de riesgo, al no encontrar alternativas estructuradas fuera de la escuela; una generación con menor capital humano, lo que limita el crecimiento económico y la competitividad nacional. En el largo plazo, estos efectos se traducen en una pérdida significativa de potencial humano y social para todo el país, afectando no solo a los individuos, sino también a la cohesión y bienestar social.
Una apuesta estratégica por el futuro: El desafío educativo de República Dominicana es profundo, pero no insoluble. Con políticas públicas bien diseñadas, basadas en evidencia y adaptadas a las realidades locales, es posible no solo mitigar el ausentismo y la deserción escolar, sino también fomentar una educación de calidad, equitativa e inclusiva que potencie el desarrollo de toda una generación.
La educación no es solo un derecho, sino la base sobre la cual se construyen sociedades más justas, prósperas y resilientes. Estados, comunidades y familias tienen la responsabilidad conjunta de responder a este llamado urgente antes de que la oportunidad de transformar el país pase de largo.



