Editorial

República Dominicana avanza mientras el mundo retrocede: celebremos, pero sin conformarnos

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@abrilpenaabreu

En medio de una noticia preocupante para la educación mundial, República Dominicana tiene razones legítimas para sentirse esperanzada.

Los resultados de PISA 2025 muestran que los estudiantes dominicanos avanzaron respecto a 2018, especialmente en ciencias. El país pasó de 336 a 361 puntos: un incremento de 25 puntos en una evaluación que no mide únicamente la capacidad de memorizar contenidos, sino de comprenderlos y aplicarlos a situaciones reales.

La mejoría adquiere mayor importancia porque ocurre mientras numerosos sistemas educativos, incluidos algunos de los más desarrollados, presentan sus peores resultados desde que comenzó PISA en el año 2000.

Entre 2015 y 2025, el promedio de los países de la OCDE cayó 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas. La comprensión lectora sufrió el retroceso más profundo. Los adolescentes evaluados leen, en promedio, al nivel que anteriormente se esperaba de estudiantes aproximadamente un año menores.

Mientras buena parte del mundo retrocede, República Dominicana avanza. Eso debe reconocerse. El logro no pertenece exclusivamente a un ministro, a una administración o a una institución. Es el resultado acumulado del trabajo de docentes, estudiantes, familias, técnicos, centros educativos y políticas públicas desarrolladas durante varios años.

En un país donde acostumbramos convertir cada cifra educativa en un arma partidaria, también debemos aprender a reconocer los progresos nacionales. Celebrar lo que funciona no significa renunciar a la fiscalización; significa actuar con honestidad. Pero sería un error transformar esta mejoría en una proclamación de victoria.

República Dominicana avanzó desde una posición considerablemente baja y todavía permanece lejos de los promedios alcanzados por los sistemas educativos con mejores resultados. Crecer 25 puntos es importante; suponer que el problema está resuelto sería irresponsable.

Una cosa es mejorar y otra muy distinta es haber llegado, el dato debe servirnos como estímulo, no como sedante. La pregunta correcta no es si ya podemos sentirnos satisfechos, sino qué hicimos bien, dónde se produjo la mejoría, cuáles estudiantes avanzaron, cuáles permanecieron rezagados y cómo convertimos este resultado en una tendencia sostenible.

También debemos observar lo que está ocurriendo fuera del país. El deterioro internacional no parece responder únicamente a las secuelas de la pandemia. La caída en lectura comenzó antes de 2020 y continuó después de la reapertura de las escuelas. Los especialistas encuentran una combinación inquietante: menos lectura por placer, mayor exposición a pantallas, atención fragmentada, distracciones digitales en las aulas, menor acompañamiento familiar, ausentismo y utilización pasiva de herramientas de inteligencia artificial.

Los jóvenes consumen más información que nunca, pero eso no significa que la comprendan mejor. Pasan horas leyendo mensajes, publicaciones y subtítulos, pero dedican menos tiempo a textos largos que exigen concentración, memoria, análisis y reflexión. Estamos formando lectores rápidos, pero no necesariamente lectores profundos Y sin comprensión lectora tampoco hay buen desempeño en ciencias o matemáticas. Antes de resolver un problema, el estudiante debe entender lo que se le pregunta, identificar los datos importantes y relacionar diferentes ideas.

Por eso, el avance dominicano en ciencias debe ir acompañado de una ofensiva nacional por la lectura comprensiva. Necesitamos bibliotecas funcionales, maestros preparados, clubes de lectura, laboratorios, experimentación científica y familias involucradas.

También necesitamos enseñar a los estudiantes a utilizar la tecnología como instrumento de aprendizaje, no como sustituto del pensamiento.

Prohibir por sí solo no resolverá el problema. Entregar dispositivos tampoco. La diferencia está en cómo, para qué y durante cuánto tiempo se utilizan.

República Dominicana tiene hoy una oportunidad extraordinaria: aprender de la crisis que ya golpea a los países desarrollados antes de repetir sus errores. Celebremos los 25 puntos de crecimiento. Reconozcamos a quienes contribuyeron. Pero no confundamos una señal positiva con la llegada a la meta.

El verdadero logro será sostener la mejoría, cerrar las brechas sociales y territoriales y conseguir que cada estudiante dominicano pueda leer, comprender, razonar y aplicar lo aprendido.

Hoy podemos decir que avanzamos, mañana tendremos que demostrar que sabemos hacia dónde vamos.