Predicando la moral en calzoncillos

Por Abril Peña

Este fin de semana y como en años anteriores, se armó un escándalo por el Gagá, había que leer los comentarios de ciudadanos que se creen que ser dominicano es aborrecer todo lo que parezca haitiano, dominicanos que aborrecen el compartir una costumbre con el vecino país, olvidando que los esclavos de ambos lados de la isla vinieron del mismo continente,  no nos hace iguales, pero compartir ciertas cosas es inevitable, se ofenden por el Gagá pero buscan huevitos en pascua, salen a buscar dulces en Halloween y celebran thankgiving y hasta el 24 de diciembre cenan con pavo y lasagna y no con cerdo y pastel en hoja.

Son esos dizque dominicanos, que hablan en spanglish y celebran labor day o el 4 de Julio, conocen a Martín Luther King y ya hasta la independencia mexicana con sus días de tacos incluido lo celebran, porque hay que estar en la moda, pero no los verás haciendo nada especial el 27 de febrero,  no tienen idea de quién fue Fernández Domínguez o Caamaño, ni los Palmeros, ni Enriquillo o Anacaona,  esos mismos dominicanos cuyos hijos saben hablar perfectamente inglés pero tienen un manejo sumamente pobre del español y no los quieran ver bailando merengue porque parecen que los trajeron de Europa, pero esa transculturización no les preocupa.

Son los dominicanos que se escandalizaron cuando pusieron un Cemí en el vestido de una Miss República  hace unos años pensando que era brujería, son los dominicanos que se saben cada canción gringa y ahora hasta coreana, pero no tienen idea de que es el carabiné, los palos, el pambiche, una salve, el palo encebado o el baile de la cinta o del pañuelo, tampoco conocen las muñecas sin rostro, apenas usan ámbar o larimar, se sorprenden cuando ven a los papeleros en el carnaval y no tienen idea de que es “se me muere Rebeca” o jamás han probado un gofio pero se ofenden por el Gagá.

Esos mismos dominicanos viven aterrorizados que se pierda nuestra identidad por la migración indiscriminada de haitianos a RD,  sin darse cuenta que hace tiempo que la perdimos, son esos dominicanos que predican la moral en calzoncillos porque  apenas conocen su historia, pero tampoco se la trasmiten a sus hijos, eso se lo dejan al colegio, pero jamás revisan que le están enseñando en estos, al parecer ser dominicano es sólo tener la cédula y ponerse guapitos porque los hospitales y escuelas están llenas de haitianos que dejan entrar adivinen que : DOMINICANOS, al parecer ser dominicano no conlleva una serie de valores, conocimientos y responsabilidades que debiéramos conocer y transmitir si realmente estuviésemos tan interesados en que se mantenga nuestra tan cacareada identidad, cultura y soberanía, pero claro porque nos extraña, si vivimos en el país donde todos somos indios y morenos claros.

Cuándo fue la última vez que puso una bandera en fechas patrias? Cuando fue la última que visitó una parte de RD que no estuviese de moda ? Cuando fue la última vez que visitó con sus hijos los muchos museos que languidecen a lo largo y ancho del país? Se interesó cuando la corrupción permitió que se destruyeran casas y monumentos históricos ? No le molesta cuando le cobran en dólares cuando la moneda DOMINICANA es el peso ? Cuando fue la última vez que visitó la zona colonial para algo más que beber y comer ?

Entonces de que cultura dominicana hablamos. Acaso conocemos la mayoría cuál es nuestra cultura, de dónde venimos ? O sólo nos importa lo que creemos que es herencia española, me pregunto si sabrán que mucho de lo que comen creyendo que es español, es realmente moro y si saben de dónde vienen estos? Se los dejo de tarea.

Soy de las primera en admitir que la transculturización y la falta de educación son un grave peligro, incluso que la sustitución por los partos de extranjeras, de nuestra población son un problema real, pero a mi juicio el verdadero problema es que los países que pierden ese sentido de pertenencia, que pierden el amor por lo suyo, no terminan bien y aquí hace tiempo que ese barco zarpó, es que ni siquiera sabemos que es lo nuestro y lo peor es que no nos interesa conocerlo.

 


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