Opinión

Parece que la pava no pone donde ponía

Por Jorge Lendeborg


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Lo primero que debo hacer es reconocer que me equivoqué. O, por lo menos, que me equivoqué a media. A finales del año pasado fui de los que sostuvo que, si Gonzalo Castillo decidía lanzarse nuevamente al ruedo por la candidatura presidencial del PLD, el juego cambiaría por completo. Mi pronóstico era que, en cuestión de cien días, estaría por encima de Francisco Javier García. Hasta ahora, no ha ocurrido.

En una investigación que realicé recientemente para un importante grupo económico del país, entre 10,040 miembros del PLD que ejercieron el voto en la pasada consulta interna, Francisco Javier García aparece 19 puntos por encima de Gonzalo Castillo.

Diecinueve puntos no son un empate técnico. Tampoco son una diferencia que pueda corregirse con dos caravanas, tres discursos y una buena campaña de redes sociales.

Algo falló en el Cálculo, y creo saber qué fue. Gonzalo dejó correr demasiado a Francisco Javier. Posiblemente pensó que, si en 2019 pudo derrotar en unas primarias a Leonel Fernández, tres veces presidente de la República y fundador del PLD, ganarle a Francisco Javier sería cuestión de calentar el brazo y entrar al juego. Pero parece haber olvidado un pequeño detalle: en 2019, Gonzalo no estaba solo.

Detrás tenía un presidente de la República metido de lleno en aquella batalla política, decenas de ministros, funcionarios, estructuras provinciales y municipales, un Gobierno completo empujando en una misma dirección y recursos prácticamente ilimitados para una campaña interna.

Hoy la película es otra. No hay Palacio detrás. No hay ministros llamando dirigentes. No hay funcionarios organizando estructuras. No hay Gobierno. Esta vez Gonzalo tiene que correr con sus propias piernas, y ahí es donde parece haber descubierto que la política, cuando se hace desde la oposición, pesa más.

Su regreso generó ruido, titulares y expectativas. Pero no produjo el terremoto político que muchos esperábamos. Su salida al ruedo no movió la aguja como se proyectaba y, hasta ahora, tampoco se observa una estrategia clara de crecimiento capaz de cerrar la distancia.

Mientras tanto, Francisco Javier hizo algo mucho menos glamoroso: trabajar. Mientras unos calculaban cuándo entrar, él recorría el país. Mientras otros confiaban en el peso de su nombre, él visitaba dirigentes. Mientras algunos parecían creer que la competencia comenzaría cuando ellos decidieran participar, Francisco Javier llevaba tiempo compitiendo. Y en política interna, el tiempo tiene precio.

Cada visita cuenta. Cada llamada cuenta. Cada dirigente que se compromete cuenta. Las candidaturas internas no se construyen solamente con publicidad, fotografías o recuerdos de antiguas victorias. Se construyen acumulando compromisos.

La posición de Francisco Domínguez Brito favorable a postergar la consulta merece una lectura sencilla. No afirmo que exista ningún acuerdo con el equipo de Gonzalo, pero políticamente una postergación beneficia a quienes necesitan tiempo para crecer. La lógica es bastante elemental: quien va ganando quiere elecciones; quien va perdiendo quiere calendario.

Hoy, según los números que tengo en mis manos, Francisco Javier García sería el claro favorito si la consulta se realizara en octubre. Eso puede cambiar. La política cambia, pero para cambiarlo, Gonzalo Castillo tendrá que dejar de mirar hacia 2019.

Aquella victoria tuvo circunstancias muy particulares. Quizás el error fue pensar que la maquinaria seguía siendo parte del candidato, cuando en realidad una parte importante de aquella fuerza pertenecía al poder que lo rodeaba.

Ahora estamos ante una prueba mucho más interesante, vamos a descubrir cuánto pesa Gonzalo sin Gobierno, cuánto pesa sin Palacio, cuánto pesa sin ministros,  cuánto pesa cuando las llamadas tienen que hacerse desde un comando de campaña y no desde una institución pública.

Francisco Javier García, mientras tanto, parece haber entendido mejor el momento. Sin demasiado ruido, sin una entrada espectacular y sin vender la idea de una candidatura inevitable, hizo el trabajo que había que hacer.

Hoy los números lo colocan delante,  yo creía que Gonzalo entraría y cambiaría el juego. Reconozco que, hasta ahora, me equivoque, quizás Gonzalo también se equivocó,  tal vez pensó que todavía tenía la misma maquinaria de 2019,  pero la política cambia, el poder se muda y los recursos desaparecen.

Y parece que, esta vez, LA PAVA NO PONE DONDE PONIA!