Por Bellelyn Castillo
El Pregonero, Santo Domingo. –La comunicadora María Luisa Molina Rangel abordó la delgada línea que separa la honestidad de la imprudencia en la comunicación cotidiana. Afirmó que, aunque ser honesto es positivo, no siempre es apropiado ofrecer opiniones que nadie ha solicitado, citando ejemplos como criticar la apariencia física o hacer comentarios sobre el estado emocional de otra persona sin que exista una invitación para ello.
Molina Rangel explicó que muchas expresiones, presentadas bajo el disfraz de “sinceridad”, no son más que actos innecesarios que pueden herir. “Jiménez, esa pañoleta no se te ve bien. Nadie te está preguntando”, ejemplificó, agregando que comentarios sobre peso, cansancio o estética suelen cruzar la frontera hacia la imprudencia.
La comunicadora resaltó que la sensibilidad ajena debe ser un factor esencial antes de emitir opiniones. En sus palabras, en ocasiones “es necesario pasar paños tibios” cuando se trata de personas extremadamente susceptibles, lo que exige una comunicación más cuidadosa, amable y medida.
Molina Rangel concluyó que este esfuerzo solo vale la pena cuando se trata de alguien importante para uno; de lo contrario, prefiere no hacer ningún comentario. Con ello reafirmó que la verdadera honestidad no consiste en decirlo todo, sino en saber cuándo, cómo y a quién decirlo.



