Dominicanos en el exterior Opinión

Madrid: cuando un consulado entiende que servir también es representar

Kelvin Ortiz Faña

Por Kelvin Ortiz Faña


Durante décadas, hablar de los consulados dominicanos en el exterior estuvo asociado casi exclusivamente a pasaportes, poderes, legalizaciones y otros trámites. Sin embargo, una representación consular es mucho más que una oficina administrativa: es, para cientos de miles de dominicanos que viven lejos de su tierra, el rostro más cercano de la República Dominicana.

Por eso considero importante detenernos en lo que está ocurriendo en el Consulado General de la República Dominicana en Madrid. No solamente por el traslado a una nueva sede después de más de cinco décadas, sino por lo que ese cambio representa en términos de modernización, dignidad y calidad del servicio.

Un dato llama particularmente la atención: el Consulado ha alcanzado una valoración de 4.8 estrellas sobre 5 en Google Maps. Podría parecer simplemente una cifra, pero en estos tiempos las valoraciones de los usuarios constituyen un termómetro público de la experiencia que reciben los ciudadanos.

Y cuando una dependencia estatal logra niveles tan elevados de satisfacción, merece ser resaltada con la misma energía con la que señalamos aquello que funciona mal.

La nueva sede consular en Madrid representa un cambio histórico. Estamos hablando de instalaciones modernas, funcionales y concebidas para ofrecer mejores condiciones tanto a quienes trabajan allí como, principalmente, a los ciudadanos que diariamente requieren algún servicio.

Hay un elemento que considero especialmente significativo: la accesibilidad.

Su ubicación en un primer piso con acceso directo facilita la entrada de personas con discapacidad y ciudadanos con movilidad reducida. Puede parecer algo elemental, pero eliminar una barrera física también significa eliminar una forma de exclusión. Modernizar el Estado no consiste únicamente en digitalizar procesos; significa garantizar que cualquier ciudadano pueda acceder dignamente a sus instituciones.

La transformación que experimenta el Consulado también habla de la imagen que queremos proyectar como país.

España alberga una de las comunidades dominicanas más importantes en el exterior. Madrid, particularmente, constituye un punto neurálgico de nuestra diáspora europea. Por ello, disponer allí de una representación consular moderna no debe verse como un lujo, sino como una inversión institucional acorde con la importancia de nuestra comunidad.

Al frente de este proceso se encuentra el cónsul general José Ernesto Marte Piantini, cuya gestión ha colocado entre sus prioridades la modernización, la calidad del servicio y una mayor cercanía con los dominicanos.

Pero quizás el concepto más importante de esta nueva etapa sea precisamente escuchar.

El ciudadano que llega a un consulado no siempre busca únicamente resolver un documento. Muchas veces llega con una inquietud, una dificultad o una necesidad que requiere orientación. La administración pública moderna debe comprender que detrás de cada expediente existe una persona.

Naturalmente, ninguna institución debe conformarse con las buenas valoraciones. Una puntuación de 4.8 estrellas no representa una meta definitiva; debe convertirse en una responsabilidad todavía mayor. Mantener la calidad suele ser más difícil que alcanzarla.

El desafío ahora consiste en sostener esos estándares, continuar reduciendo tiempos y dificultades, aprovechar las herramientas tecnológicas y conservar una atención humana y respetuosa.

Durante mucho tiempo hemos reclamado que nuestras instituciones en el extranjero estén a la altura de la importancia adquirida por la diáspora dominicana. Cuando comienzan a producirse transformaciones en esa dirección, también corresponde reconocerlas.

Porque un consulado moderno no es solamente un edificio bonito. Es respeto por el ciudadano. Es dignidad para nuestra diáspora.

Y, sobre todo, es la República Dominicana demostrando que también fuera de sus fronteras puede ofrecer un servicio público del cual sus ciudadanos puedan sentirse orgullosos.


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Autor es periodista y abogado. Director ejecutivo de El Pregonero.