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Los Toros de la Virgen: más de tres siglos de fe, cultura y tradición unen a Bayaguana con Higüey

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El Pregonero, Higüey – Cada mes de agosto, los caminos del Este dominicano vuelven a convertirse en escenario de una de las manifestaciones religiosas y culturales más singulares de la República Dominicana: los Toros de la Virgen de la Altagracia, una tradición centenaria que combina fe, historia, cultura ganadera, música y participación comunitaria.

Más que una peregrinación, esta expresión representa un patrimonio vivo transmitido de generación en generación, en el que participan miembros de la Hermandad de los Toreros de la Virgen, comisarios, promesantes, caballistas, familias y residentes de numerosas comunidades rurales.

Los antecedentes de la tradición se remontan a finales del siglo XVII y están vinculados a la Batalla de Sabana Real de La Limonade, ocurrida el 21 de enero de 1691. De acuerdo con la tradición, tras atribuir la victoria a la intercesión de Nuestra Señora de la Altagracia, hateros del Este prometieron ofrecer ganado como muestra de agradecimiento.

Con el paso de los años, la entrega de reses se consolidó como una expresión de fe y cumplimiento de promesas. Existen referencias que sitúan esta manifestación desde 1692, aunque atravesó períodos de interrupción antes de ser restablecida a principios del siglo XX.

Una peregrinación de unos 120 kilómetros

Uno de los puntos fundamentales de la tradición se encuentra en Bayaguana, desde donde los peregrinos emprenden durante varios días el recorrido hacia Salvaleón de Higüey, arreando los animales a caballo y a pie.

La ruta, conocida también como Camino de la Altagracia, comprende alrededor de 120 kilómetros y atraviesa territorios de Monte Plata, Hato Mayor, El Seibo y La Altagracia.

El trayecto establece un singular vínculo religioso entre el Santuario Santo Cristo de los Milagros de Bayaguana y Higüey, principal centro de la devoción altagraciana del país.

Durante el recorrido se desarrollan oraciones, vigilias, salves, cantos y manifestaciones tradicionales acompañadas de atabales. Las familias de las comunidades reciben y acompañan a los peregrinos, convirtiendo el camino en una experiencia colectiva donde convergen lo religioso, lo rural y lo cultural.

El 14 de agosto, una fecha de profundo simbolismo

El momento de mayor simbolismo se produce cada 14 de agosto, cuando los peregrinos, caballistas y los toros ofrecidos a la Virgen hacen su entrada en Salvaleón de Higüey.

Niños, jóvenes y adultos se integran a una celebración marcada por promesas, agradecimientos y testimonios de devoción a Nuestra Señora de la Altagracia, reafirmando el vínculo histórico entre Higüey, la Virgen y la tradición ganadera del Este.

Las reses no constituyen únicamente una ofrenda simbólica. Históricamente, los animales entregados son posteriormente subastados y los recursos obtenidos contribuyen al desarrollo de obras religiosas, pastorales y sociales, transformando la promesa religiosa también en una expresión de solidaridad comunitaria.

En camino hacia un mayor reconocimiento

La trascendencia de esta manifestación ha motivado distintos reconocimientos institucionales. En 2025, el Concejo de Regidores de Higüey reconoció a la Hermandad de los Toreros de la Virgen como Patrimonio Cultural Inmaterial del municipio.

Asimismo, en el Congreso Nacional ha avanzado una iniciativa dirigida a reconocer a la Hermandad, la tradición de los Toros de la Virgen y la ruta de peregrinación Bayaguana-Higüey como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación Dominicana, destacando su antigüedad, continuidad generacional, dimensión religiosa y capacidad de integrar numerosas comunidades rurales.

Potencial para el turismo religioso y cultural

Además de su trascendencia histórica y espiritual, los Toros de la Virgen representan una oportunidad para fortalecer el turismo religioso, cultural, rural y comunitario en la región Este.

El Camino de la Altagracia puede articular comunidades, paisajes rurales, gastronomía, música, patrimonio religioso, tradición ganadera y hospitalidad local alrededor de una experiencia auténticamente dominicana.

Su puesta en valor turístico, preservando siempre su esencia religiosa y comunitaria, podría contribuir a diversificar la oferta turística del Este y llevar parte de los beneficios de esta actividad hacia poblaciones ubicadas fuera de los circuitos turísticos tradicionales.

Así, cuando cada 14 de agosto los Toros de la Virgen llegan a Higüey, no termina simplemente una peregrinación iniciada días antes en Bayaguana. Llega una historia de más de tres siglos, una tradición que conecta territorios y generaciones y que permanece viva porque todavía existe un pueblo dispuesto a caminarla, cabalgarla, celebrarla y transmitirla.