Editorial

Los homicidios bajan, pero la intolerancia sigue matando

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La República Dominicana ha logrado avances importantes en la reducción de los homicidios, sin embargo, detrás de esas cifras positivas persiste un problema que no se resuelve únicamente con patrullaje: los conflictos sociales continúan siendo el principal origen de las muertes violentas y han registrado un preocupante repunte durante los últimos meses.

En 2025, el 58.9 % de los homicidios surgió de riñas y disputas interpersonales. En junio de 2026, Interior y Policía situó la proporción en un 59 %. Más recientemente, la procuradora Yeni Berenice Reynoso advirtió que, durante los últimos dos meses, más del 70 % de los hechos violentos estuvo relacionado con la conflictividad social.

Aunque las cifras corresponden a períodos y categorías diferentes, revelan la misma realidad: mientras las autoridades logran contener otras modalidades delictivas, la intolerancia ciudadana sigue cobrando vidas.

Una música alta, un estacionamiento, una mala mirada. Un roce entre vehículos, una deuda insignificante, un discusión entre vecinos.

Cualquier “quítame esta paja” puede terminar en una puñalada, un disparo o un homicidio.

La edad de las personas vinculadas a los expedientes agrava la preocupación. Durante 2025, el Ministerio Público recibió 236,783 casos o denuncias, y más del 80 % de las personas denunciadas o identificadas en las investigaciones como presuntas responsables tenía menos de 35 años.

Denunciado o investigado no significa culpable, y la inmensa mayoría de los jóvenes dominicanos no delinque, pero la concentración de los señalados entre los menores de 35 años constituye una alarma que no podemos ignorar.

Se trata de la generación que debería estar estudiando, trabajando, creando empresas, formando familias y sosteniendo el futuro productivo del país, sin embargo, es también la que aparece con mayor frecuencia en los expedientes.

A esto se suma que 73,295 casos correspondieron a violencia intrafamiliar, violencia de género y delitos sexuales: casi uno de cada tres expedientes recibidos durante el año.

Esto demuestra que la violencia no nace únicamente en las calles. Con frecuencia comienza dentro de los hogares, el niño que observa cómo su padre golpea o amenaza a su madre puede aprender que la fuerza es una manera legítima de resolver diferencias. Ese patrón puede reproducirse posteriormente en la escuela, la pareja, el trabajo o el vecindario.

Yeni Berenice ha propuesto un Pacto de Estado contra la Violencia y la Criminalidad. La iniciativa es necesaria, pero no puede quedarse en discursos y fotografías, necesita presupuesto, responsabilidades e indicadores de cumplimiento.

El país requiere educación emocional y resolución de conflictos en las escuelas, mediación comunitaria, atención a la salud mental, programas de crianza positiva, control de armas y protocolos eficaces para atender las más de 25,000 denuncias por amenazas recibidas anualmente.

Las patrullas pueden perseguir al delincuente que planifica un crimen. Pero difícilmente podrán impedir una tragedia nacida repentinamente dentro de una casa o frente a un colmado.La frase más importante de Yeni Berenice no contiene un porcentaje: “Esos jóvenes los formamos nosotros”.

Y tiene razón, no surgieron espontáneamente, fueron formados en nuestros hogares, escuelas, comunidades e instituciones. Los homicidios pueden seguir bajando, pero mientras una música alta, un parqueo o 50 pesos sean suficientes para quitar una vida, la República Dominicana continuará enfrentando una emergencia social. Contra esa violencia no bastan más policías, hace falta reconstruir la convivencia.