Opinión

Los hijos y hermanos de Radhames Garcia Gonzales

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Juan Manuel Morel Pérez, Abogado, doctor en derecho Administrativo iberoamericano, docente Magister en Seguridad y Defensa Nacional, Especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional humanitario, , Coordinador del Observatorio de Seguridad y Defensa-RD
j.morelperez@gmail.com
Twitter @ElgranMorel

No sé cuántos hijos y hermanos biológicos tiene el maestro Radhames García Gonzales, pero sí puedo afirmar que es un gran padre de una gran cantidad de personas, incluso de personas de mayor edad que él. Con los años, ha llegado a ser mucho más que un padre para sus hijos de sangre; se ha convertido en el padre de muchos hombres y mujeres que han encontrado en él orientación, consejo, apoyo y una palabra oportuna en los momentos más importantes de sus vidas. Y también, para muchos, ha llegado a ocupar el espacio de un hermano mayor, de esos que siempre encuentran tiempo para escuchar, acompañar y compartir tanto las preocupaciones como las alegrías.

El profe -como coloquialmente le digo, por ser de quienes hemos tenido en el, un maestro, un hermano y un padre- se ha convertido en ese padre que escucha, que no se cansa de que lo llamen, que entre su vínculo con las expresiones del poder nacional y los afectos sacrifica su relación con la toma de decisiones. Él escucha, se sienta, te ve y te habla y, como un rayo paralizador, impacta en lo que dice. Además, no se para ni deja que te levantes si no se tiene una solución o se está en camino a resolverlo y quizás ahí radica una de sus mayores virtudes: hacer que cada persona sepa y sienta que sus problemas también son importantes para él. Por eso es la figura paterna y hermano de muchos que saben que en Radhames García Gonzalez, hay alguien a quien acudir cuando hace falta una orientación sincera, una mano amiga o compartir un momento de felicidad y alegría. Quienes le conocemos de cerca sabemos que posee una rara capacidad para hacer sentir a cada persona importante, sin importar posiciones, edades o circunstancias.

Educador por convicción y genética humana, si tomamos los más de 40 años que tiene educando y pongamos conservadoramente 8 horas por día, podríamos decir que tiene más de 87,600 horas de enseñanzas impartidas en las escuelas, pues su vida entera la ha dedicado a enseñar, orientar, compartir y encaminar. Recuerdo que en el CURSA UASD quienes no teníamos la suerte de estar en sus secciones, íbamos a ellas como oyentes para aprender no solo de su asignatura Economía, sino de ideas políticas, filosofía e historia. Pero sus enseñanzas no se han limitado a las aulas, sino que se mantienen presentes en cada joven orientado, en cada profesional motivado a continuar, en cada ciudadano al que ayuda a comprender que el conocimiento tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás y del interés general, y la mejor enseñanza: su ejemplo, porque sus palabras suelen ir acompañadas de coherencia y sus consejos de vivencias.

La dignidad, honestidad, modestia y humildad son sus divisas diarias, pues estando en la más alta cumbre nunca deja de ver hacia debajo y detrás, además de que, pudiendo ocupar espacios de privilegio o perseguir beneficios personales, prefiere lo poco y lo sencillo, aunque nunca ha permitido que los cargos, los reconocimientos o las responsabilidades levanten barreras entre él y la gente. Quizás por eso también se ha convertido en padre de grandes causas. No de aquellas que buscan aplausos o reconocimientos, sino de las que procuran una sociedad más humana, más consciente y más solidaria. Allí donde existe una oportunidad para servir, educar, orientar o tender puentes entre las personas, suele estar presente su espíritu de compromiso. Son causas que no siempre aparecen en los titulares, pero que se reflejan en las vidas de quienes hemos recibido una orientación, una oportunidad o una palabra de aliento en el momento preciso o un risa de alegría

Cuando se habla de los hijos y hermanos de Radhames, no necesariamente se habla de quienes llevan su sangre, sino también de quienes llevamos una parte de sus enseñanzas, de sus valores y de su ejemplo, sus enseñanzas, sus causas, de sus principios y de ese profundo sentido de solidaridad que ha caracterizado su trayectoria, encontrando en él la orientación serena de un padre y la cercanía sincera de un hermano. En ambos casos, ese sentimiento nace del respeto, del afecto y de la confianza que inspira su manera de actuar.

Sirva esta participación mía de hoy como reconocimiento y agradecimiento a un hombre que, sin proponérselo, ha terminado siendo padre de muchas personas y de muchas causas nobles, dejando una huella difícil de borrar en todos aquellos que han tenido el privilegio de conocerlo y escucharlo y también hermano de quienes han compartido con él sueños, proyectos, preocupaciones y esperanzas, construyendo a lo largo de los años una familia mucho más amplia que la definida por los lazos de sangre.