Por: Valentín Medrano Peña
El asunto es en apariencia intrincado, suena enredado, no parece tener sentido ni finalidad.
Las relaciones sociales en la mayoría de países se influencia de la propiedad: ¿Qué tenemos? ¿de qué somos dueños?, lo que a su vez determina dónde y cómo vivimos, con quiénes nos relacionamos, qué adquirimos y hasta el nivel de riesgo que acarreamos.
Dicho en lenguaje coloquial, la propiedad determina de qué casa somos dueños, qué vehículo tenemos o cómo y en qué nos movemos, la ropa que exhibimos, los objetos y valores que poseemos, y en fin, somos dueños de muchas cosas, empero somos no dueños de más cosas aún, y hemos sido expropiado de las más esenciales, aunque podemos ser perdonados.
Nuestro vehículo por ejemplo, fue propio del distribuidor antes que nuestro, eso si lo compramos directamente, pero antes que del distribuidor fue propiedad del fabricante, quien adquirió las piezas de otros fabricantes, quienes a su vez adquirieron las materias primas de otras personas, quienes antes se apropiaron de los predios que las producen, pero para explotarlo adquirieron de otros propietarios los equipos, y en esa desmembración todo fue parte como partícula conformante de las materias primas, y estas a su vez parte de la tierra de la que todos somos dueños.
Todos somos dueños del todo inicial y resultamos despojados del todo modificado que podemos adquirir, pagando con dinero que también antes fue de otros, en ese círculo de apropiación, enajenación y traspaso. Compramos y adquirimos lo que antes fue en parte nuestro.
Los fabricantes son dueños del proceso de transformación, los distribuidores del proceso de comercialización y los adquirentes dueños de la cosa de la que antes fueron dueños aún en parte, ahora modificada, y que nueva vez ha de modificarse volviendo a ser parte de la tierra para abonarla o para contaminarla.
El hombre es el genio de las transformaciones en la naturaleza, tomó lo de todos y lo apropió cambiando en el proceso paisajes y hábitat, distancias y espacios, flora y fauna y hasta las relaciones interpersonales.
Ahora toca volcarse a la preservación de la partícula inicial, de la casa de todos. Salvar la tierra, como forma de salvar la humanidad, destransformando a su estado inicial la cuenca de la vivilidad.



