Por: Hirrael Santana
La conformación de coaliciones de partidos de oposición a través de alianzas electorales emerge como una estrategia política vital en América Latina, demostrando su efectividad al enfrentar a los partidos gobernantes en procesos electorales.
A pesar de los desafíos que presentan países como la República Dominicana, donde los recursos juegan un papel fundamental y los partidos políticos tienden a ser fragmentados, la unidad opositora se vuelve esencial para marcar una diferencia en sistemas políticos caracterizados por una concentración de poder y recursos estatales en manos del partido en el gobierno. Esto es aún más evidente en un país que, según el Barómetro de Las Américas, ostentaba el primer puesto en la escala de clientelismo en la región desde 2010, lo que evidencia por qué tanto transfuguismo.
Ejemplos de países como Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú subrayan cómo la unidad de la oposición ha sido fundamental para derrotar al oficialismo en elecciones presidenciales y parlamentarias. En Argentina, el frente opositor Cambiemos logró superar al Frente para la Victoria en las elecciones de 2015, repitiendo su éxito en 2019 con la victoria del actual presidente, Alberto Fernández.
En Brasil, la coalición de partidos opositores contribuyó a la destitución de Dilma Rousseff en 2016 y a la elección de Jair Bolsonaro en 2018. Colombia experimentó un fenómeno similar con la elección de Iván Duque en 2018 y Gustavo Petro en 2022, mientras que, en México, la coalición liderada por Andrés Manuel López Obrador triunfó en las elecciones presidenciales de 2018.
En República Dominicana, la historia de alianzas trascendentes data desde hace décadas, destacando la «Alianza Rosada» en 2006, que muchos catalogaron como fallida, pero debilitó al partido en el poder y propició la victoria de otros partidos opositores en las alcaldías.
Por otro lado, en 2020, a pesar de la influencia de la suspensión electoral, las alianzas desempeñaron un papel crucial en la incuestionable victoria de Luis Abinader en la primera vuelta.
La importancia de la unidad opositora no se limita a los resultados electorales, sino que también consolida la democracia en la región, fortaleciendo instituciones y procesos democráticos.
La competencia política, alternancia en el poder y transparencia en elecciones son elementos fundamentales para robustecer el Estado de derecho. En tal sentido, la unidad opositora no solo conlleva alianzas electorales, sino que requiere la construcción de un proyecto político compartido y una visión conjunta de país. Superar diferencias ideológicas y personales es esencial para lograr metas comunes, como el fortalecimiento económico y la lucha contra la pobreza y la desigualdad.
Las elecciones en América Latina demuestran que la unidad opositora es clave para vencer al oficialismo y consolidar la democracia. Los partidos políticos deben comprender esta relevancia y actuar en consecuencia. De cara a los próximos comicios, la casi anunciada conformación del frente opositor, liderado por los principales partidos de oposición en República Dominicana, el PLD, PRD y LFP, junto a otras fuerzas políticas, determinarán si el actual presidente, Luis Abinader, y su partido continúan en el poder, o si habrá un cambio de gobierno.
La demora en la formación de alianzas otorgó al oficialismo la oportunidad de socavar a la oposición. En última instancia, la unidad opositora se erige como un recurso para enfrentar al gobierno, por lo que, el éxito de la misma dependerá de la madurez política de los candidatos y de la liberación de egos y viejos rencores del pasado.



