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Día del Periodista: entre la verdad, el poder y el desgaste de contar lo que otros quieren ocultar

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Por Abril Peña

Cada 5 de abril, en República Dominicana, se celebra el Día del Periodista. Pero más que una fecha de felicitaciones, debería ser una pausa incómoda para preguntarnos qué está pasando con el oficio que, en teoría, sostiene la democracia.

Porque el periodismo no es —o no debería ser— solo informar. Es incomodar. Es cuestionar. Es poner en evidencia lo que alguien con poder preferiría mantener en silencio.

Y eso, hoy, tiene consecuencias.

El periodista de hoy no solo compite con la desinformación. Compite con la inmediatez, con el algoritmo, con la presión económica de los medios y, muchas veces, con intereses políticos y empresariales que condicionan lo que se publica… y lo que no.

La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿Quién decide realmente la agenda informativa?

Porque cuando el periodista deja de investigar para repetir, cuando prioriza la rapidez sobre la verificación o cuando evita temas por conveniencia, deja de ejercer su rol esencial y pasa a ser un simple canal.

Y un canal sin criterio no informa: manipula, aunque no lo sepa.

El mayor peligro no es la censura directa, es la autocensura. Es ese momento en que el periodista sabe que hay una historia, pero decide no tocarla, no por falta de pruebas, sino por las consecuencias.

Ahí es donde se empieza a perder el periodismo, porque la libertad de prensa no se mide solo en leyes o discursos, sino en la capacidad real de ejercerla sin miedo.

A pesar de todo, hay periodistas que siguen haciendo el trabajo que importa. Que investigan, que contrastan, que no se conforman con la versión oficial.

Son los que entienden que el periodismo no es popularidad, es responsabilidad y que el verdadero reconocimiento no está en los likes, sino en la confianza.

¿Y la ciudadanía? También tiene responsabilidad. El periodismo no existe en el vacío. Responde a lo que la gente consume.

Si el público premia el escándalo sobre la profundidad, el morbo sobre el análisis y la viralidad sobre la verdad, el sistema se ajusta a esa demanda.

Por eso, este día no es solo para los periodistas. Es también para quienes leen, ven, comparten… y deciden qué tipo de contenido merece atención.

Hoy, más que celebrar, toca redefinir, el periodismo dominicano necesita menos complacencia y más rigor.

Menos ruido y más contexto, menos espectáculo y más verdad. Porque al final, la pregunta no es cuántas noticias se publican, sino cuántas realmente ayudan a entender el país.

Y en esa respuesta nos jugamos mucho más que una profesión. Nos jugamos la calidad de nuestra democracia.