La Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) volvió a quedar en el centro del “bochorno nacional”, esta vez por el apagón que dejó varados a miles de usuarios del Metro de Santo Domingo. Y el justificativo del director solo echó más leña al fuego.
Según explicó el incumbente, “el blackout nos cogió durante el mantenimiento profundo de la unidad de emergencia, por eso no se activó”.
¿En serio? ¿La principal red de transporte masivo del país no tenía un plan B activo, no tenía una redundancia, no tenía un protocolo para emergencias… durante el mantenimiento de la emergencia?
Eso no es explicación.
Eso es una admisión involuntaria de improvisación, de falta de planificación y de una gestión que no entiende que opera un sistema de transporte que mueve cientos de miles de vidas todos los días.
El país vio en vivo cómo se paralizó el Metro, cómo la gente quedó atrapada sin luz, sin información y sin seguridad. Y mientras tanto, la OPRET lo atribuye a un “mantenimiento profundo”. ¿Y quién ordena mantenimiento profundo de la única línea de emergencia SIN otro sistema alterno al mismo tiempo?
La verdad es que esta gestión de la OPRET luce más perdida que un GPS sin señal. No hay comunicación clara, no hay previsión, no hay controles y no hay responsabilidad. Cada vez que ocurre un fallo, surge una excusa. Nunca un plan.
El Metro no es un juguete. Es una infraestructura crítica.
Y cuando la cabeza del sistema dice que “el blackout nos cogió”, lo que realmente está diciendo es que la improvisación los define.
Si así manejan una simple emergencia, imagínese usted un evento mayor. El país merece una OPRET seria, profesional y preparada. No esta montaña rusa de excusas.



