Opinión

La luz que se va y la factura que llega

Por Manuel Dilone

Abogado y comunicador


Compartir

En República Dominicana hay cosas que uno puede perder: un paraguas, un motoconcho, la paciencia y hasta la esperanza de que algún día el servicio eléctrico funcione como debe. Pero hay una cosa que nunca se pierde: la factura de la luz. Esa sí llega. Puede irse la electricidad a las ocho de la noche, regresar a las diez, volver a irse a las once y aparecer de madrugada como quien no quiere molestar.

Pero la factura llega puntual, completa y sin pedir disculpas.

Y mientras tanto, el Gobierno del presidente Luis Abinader continúa administrando un sector eléctrico que parece tener más funcionarios que soluciones. Ahora Celso Marranzini sale del CUED y entra Joel Santos. Uno se pregunta, con la inocencia de un ciudadano que paga su factura: ¿cambiamos al funcionario o cambiamos el problema?

Porque el problema no se resuelve cambiando una silla de oficina.

El problema está en las pérdidas, en el déficit, en la distribución, en la gestión y en el enorme costo que el Estado continúa asumiendo para mantener funcionando un sistema que debería ser mucho más eficiente. Solo en los primeros meses de 2026, las transferencias a las EDE para cubrir su déficit ya habían alcanzado decenas de miles de millones de pesos.

Y aquí aparece la parte más simpática de esta historia dominicana: la electricidad es pública, las pérdidas son públicas, el subsidio es público y, al final, el bolsillo también es público. El ciudadano paga la energía. Paga el inversor.

Paga la batería. Paga el combustible cuando prende la planta y, por si fuera poco, paga la factura. ¡Qué sistema tan eficiente!

El Gobierno puede cambiar a Celso por Joel, a Joel por otro y mañana poner a otro más. Pero si no cambia la forma de administrar el sector, estaremos simplemente cambiando nombres mientras el problema permanece sentado en la misma silla.

Y al presidente Abinader hay que preguntarle algo muy sencillo: ¿hasta cuándo vamos a seguir tratando el problema eléctrico como una sucesión de funcionarios y no como una crisis estructural que exige resultados?

Porque gobernar también es asumir responsabilidades.

No basta con anunciar transformaciones, hablar de modernización o presentar nuevos planes. La gente quiere algo mucho más sencillo: que cuando llegue la factura, también haya llegado la luz.

Y aquí está la verdadera estampa dominicana: la luz se va, el déficit llega, el funcionario cambia y la factura, como siempre, llega primero.

Así vivimos. Y así no podemos seguir.