Editorial

La irresponsabilidad del gobierno haitiano y la política de la mendicidad

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El reciente comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Haití (MAE), emitido el 22 de mayo de 2025, en el que se denuncian presuntos actos xenófobos contra ciudadanos haitianos en la República Dominicana, particularmente mujeres embarazadas y lactantes, es un ejemplo más de la tendencia del gobierno haitiano a señalar a otros países como responsables de su crisis interna, mientras evade su propia responsabilidad. Si bien es innegable que Haití enfrenta una situación humanitaria y política crítica, culpar a naciones vecinas como la República Dominicana o incluso a Colombia, sin asumir el peso de sus propias fallas institucionales, no solo es injusto, sino también una estrategia contraproducente que perpetúa la imagen de un país atrapado en una política de mendicidad.

La crisis haitiana: una responsabilidad interna

Haití atraviesa una de las peores crisis de su historia moderna, marcada por la inestabilidad política, la violencia de pandillas, la pobreza extrema y la falta de control institucional. Según datos de la ONU, en 2024, el 45% de la población haitiana vivía en inseguridad alimentaria, y las pandillas controlaban hasta el 80% de Puerto Príncipe. Esta situación no es el resultado de una conspiración internacional, sino de décadas de corrupción, ineficiencia y falta de liderazgo. El gobierno haitiano, incapaz de garantizar la seguridad, el acceso a servicios básicos o la estabilidad económica, ha perdido la autoridad moral para señalar con el dedo a sus vecinos.

El comunicado del MAE haitiano, que critica a la República Dominicana por presuntos actos xenófobos y exige investigaciones, ignora el contexto de las políticas migratorias dominicanas. La RD, un país con sus propios desafíos económicos y sociales, ha enfrentado una presión migratoria significativa debido al colapso institucional de Haití. Las deportaciones masivas, como las anunciadas en octubre de 2024 (10,000 haitianos por semana), son una respuesta a esta presión, no un acto de xenofobia generalizada. Si bien es crucial que se respeten los derechos humanos, el gobierno haitiano no puede esperar que la RD absorba las consecuencias de su propio descontrol sin tomar medidas.

La política de la mendicidad

La postura de Haití de culpar a otros países, como la RD o Colombia, refleja una política de mendicidad que evita la autocrítica y busca externalizar la responsabilidad. En el caso de Colombia, las acusaciones de que el país contribuye al deterioro institucional haitiano, posiblemente por su rol en el tráfico de drogas, son particularmente absurdas. Tanto la RD como Colombia enfrentan sus propios problemas con el narcotráfico, pero han logrado mantener un nivel de control estatal que Haití no ha podido. Según el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU (2024), Haití es un punto clave de trasiego de drogas hacia Norteamérica, no por la intervención de sus vecinos, sino por la ausencia de un Estado funcional que controle sus fronteras y puertos.

Culpar a la RD por los problemas de los migrantes haitianos es igualmente injusto. La RD ha implementado medidas como el programa de repatriación voluntaria, al que el MAE haitiano hace referencia en su comunicado, para facilitar el retorno digno de sus ciudadanos. Sin embargo, el gobierno haitiano no ha presentado soluciones sostenibles para reintegrar a estos repatriados ni para abordar las causas de la migración masiva: la inseguridad, la pobreza y la falta de oportunidades. En lugar de exigir a otros países que resuelvan sus problemas, Haití debería priorizar la reconstrucción de sus instituciones y la recuperación del control territorial.

La deuda histórica y la responsabilidad compartida

Es cierto que países como Francia tienen una deuda histórica con Haití, derivada de la explotación colonial y la infame indemnización impuesta en 1825, que equivaldría a miles de millones de dólares actuales. Esta deuda contribuyó al subdesarrollo crónico de Haití, y la comunidad internacional, incluyendo Francia, debería asumir un rol activo en apoyar su recuperación. Sin embargo, utilizar esta deuda histórica como excusa para justificar la inacción actual es inaceptable. El gobierno haitiano debe asumir la responsabilidad de sus decisiones y priorizar políticas que fortalezcan el Estado, en lugar de depender de la ayuda externa o de culpar a vecinos que enfrentan sus propios retos.

Un llamado a la acción responsable

La situación de Haití es desgarradora, y la solidaridad regional es esencial. Sin embargo, la solución no está en acusaciones infundadas contra países como la RD o Colombia, que no son responsables del colapso institucional haitiano. El gobierno de Haití debe abandonar la política de la mendicidad y enfocarse en:

1. Fortalecer la seguridad: Recuperar el control de Puerto Príncipe y otras zonas dominadas por pandillas.

2. Reconstruir instituciones: Combatir la corrupción y garantizar la transparencia en la gestión pública.

3. Promover el desarrollo interno: Invertir en educación, salud y empleo para reducir la migración forzada.

4. Diálogo constructivo: Trabajar con la RD en soluciones bilaterales, como acuerdos migratorios y proyectos conjuntos para el desarrollo fronterizo.

La RD, por su parte, debe garantizar que sus políticas migratorias respeten los derechos humanos, especialmente de mujeres y niños, como señala el comunicado haitiano. Sin embargo, la carga de resolver la crisis haitiana no puede recaer exclusivamente en sus vecinos. Haití debe liderar su propio camino hacia la recuperación, con el apoyo de la comunidad internacional, pero sin desviar la culpa hacia quienes no son responsables de su deterioro.

El comunicado del MAE haitiano del 22 de mayo de 2025, aunque válido en su preocupación por los derechos de sus ciudadanos, refleja una postura irresponsable al señalar a la RD como culpable de sus problemas migratorios, sin abordar las fallas internas que empujan a miles de haitianos a cruzar la frontera. Culpar a otros países, como la RD o Colombia, es una estrategia que perpetúa la victimización y la dependencia, en lugar de promover soluciones reales. Haití debe mirar hacia adentro, asumir su responsabilidad y trabajar en la reconstrucción de un Estado funcional. Solo así podrá salir del ciclo de crisis y mendicidad que lo mantiene atrapado.