Por Abril Peña
La gobernabilidad tiene grises, en buen español, el que gobierna es imposible que lo haga sin ensuciarse, porque no nos llamemos a engaño, los polÃticos están muy lejos de ser los reales gobernantes, y para mantenerse al frente del barco, deben hilar fino, manteniendo en precario balance los intereses de un grupo u otro, Hipólito MejÃa es el mejor ejemplo, hizo lo correcto, pero solo 2 o 3 le superan en tasa de rechazo a pesar de su inmensa popularidad, y es considerado uno de los peores gobiernos de la historia.
Luis Abinader quiere crear una impronta, el que acabe con la corrupción, pero su plan tiene un fallo y grave, y este es el tiempo, todas los paÃses que hemos visto que han dado saltos cualitativos tienen algo en común y no es la cárcel de 2 o 3, han tenido gobernantes dictadores o democráticos, incluso partidos, porque hay de todo en la lista, que han durado al menos 2 décadas al frente de la cosa pública, como resultado toda una generación crece bajo sus directrices y la cultura social empieza a cambiar, ¿en serio creemos que una sociedad endémicamente corrupta (todos son muy serios hasta que lo ponen al frente, entonces empieza el manejo y las justificaciones) cambiará en cuatro años?
Siendo asÃ, ¿le conviene al Presidente permitirse repetir la experiencia de Dilma Rousef y no proteger a sus funcionarios incluso en nimiedades? Puede que le salga bien, pero los antecedentes alrededor del mundo no nos dice eso, esperemos que en su caso, la historia no se repita y pague un caro precio por su utopÃa polÃtica.Â



