El Presidente Abinader se ha comprometido a crear las condiciones de la dominicanización del empleo , algo muy exigido a través de los años, siempre ignorado y que cobró vital importancia a raíz de las últimas deportaciones, sobre todo porque dos sectores económicos se quejaban amargamente de la falta de mano de obra y es cierto no se puede negar.
Pero precisamente esto implica un peligro, de hecho es un tema estratégico, ningún país debería darse el lujo que una parte importante del ecosistema productivo nacional, dependa de mano de obra extranjera, porque de faltar queriendo o sin querer los resultados serían nefasto, además en nuestro caso específico como país, crean un peso importante en el presupuesto nacional, porque no está muy claro si los beneficios que esos sectores dejan, son los suficientes como para justificar la carga que significan los indocumentados e ilegales al presupuesto de la República Dominicana.
Ni hablar de la degradación del trabajo y los sueldos, creando una inconsistencia que termina afectando a la mano de obra nacional y la competitividad puesto que aquellas empresas cuyo personal está legal tiene mayores responsabilidades económicas que aquellas que no y eso es una ventaja competitiva.
Por último pero no menos importante afecta también a los mismos indocumentados e ilegales que no reciben los mismo beneficios que aquellos que sí lo están, pueden ser abusados y ver sus derechos laborales conculcados por abusadores que también los hay, a pesar de que no es la norma.



