Karen: asesinada dos veces

Por redacciones

Por: Katherine Rodríguez Mercedes

No me mates otra vez. No opines de mi vida sin conocerla, sin saber los motivos que llevaron a este desenlace que me que quitó mi último aliento. Yo te juro que no fue mi culpa, yo no me lo busqué ni me lo merecía, deja de juzgarme por algo que nunca estuvo en mis manos, yo no estuve mal, yo no actué mal, yo no soy la asesina.

Si me preguntas quien me mató, la pregunta está mal, ¿Quiénes me mataron? Eso es lo correcto. Me mató el sistema, el Estado, con sus políticas inservibles que durante años solo han dejado muerte tras muerte, protocolos inútiles y deficientes que a pesar de ver que no funcionan no son modificados. Me mataron cuando al momento de denunciar a mi verdugo hago turnos interminables bajo calor por horas que aumentan mi angustia para que luego me reciba esa mujer con un tono de voz desafiante, pasándome de un lugar al otro, y cuando creo que todo ha acabado debo esperar semanas por una orden de arresto que debo buscar y procurar que se ejecute con mis recursos o mi vida.

Me mató el país, me mataste tú que dijiste que yo me lo andaba buscando, que yo no supe elegir o me metí con la persona equivocada. Me mataste cuando tu comentario “inofensivo” sobre mi vida, mi cuerpo, mi inteligencia o capacidad fueron más importantes que exigir salud mental o educación emocional para todos. Me mataste cuando decidiste juzgarme a mí y no a quien apretó un gatillo en mi cabeza.

Me mató ese hombre que se creía mi dueño, un hombre que nadie dice nada de él ni es juzgado por lo que hizo, parece que ahora yo no soy la víctima.

A mi familia, no se culpen. No pudieron protegerme más, nadie hubiese podido hacerlo. Si yo no les conté es porque pensé que nunca entenderían, yo los cuidaba, tenía miedo, vergüenza. Solo prometan que van a repetir mi nombre con orgullo, yo no soy, yo nunca fui todo eso que se dijo de mí, ustedes sí me conocen.

A las mujeres de mi país GRITEN, griten por todas las que nunca regresaron a casa, por aquellas que nunca tuvieron paz, por las que fueron asesinadas una y otra vez, primero por un hombre armado que dijo amarme alguna vez o por esos miles de verdugos tras una red social que destruyeron lo poco que quedó de mí.

Cuando piensen en mí, no piensen en la pobre mujer que sufrió abusos de todo tipo, la que recibió cientos de mensajes de texto de amenazas, no piensen en la que su celular nunca dejó de sonar porque necesitaban localizarla, no piensen en la mujer que usaron sus hijos para amedrentarla o a la que accedió a una ultima conversación por miedo a una vergüenza pública.

Cuando pienses en mi hazlo como la mujer sonriente que conociste alguna vez, la que no se iba a dormir sin rezar, la mujer que le gustaba la playa y los atardeceres, esa de la risa escandalosa.

Yo fui mujer, y me mataron. Yo sé que es miedo, frustración e impotencia. Y tú que eres hija, hermana, madre, abuela o simplemente mujer, busca la forma de seguir viviendo, sigue luchando, cambia el sistema, porque si no lo haces, la siguiente puedes ser tú.

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