El caso de Kelvin Francisco Núñez Morel, conocido como el payaso Kanqui ha destapado una olla de grillos, según denuncias de comunicadores y supuestas víctimas, el caso era conocido desde hace años y las autoridades se hacían de la vista gorda.
Si bien ahora se está investigando, esperemos que hasta las últimas consecuencias, también fuese bueno iniciar una investigación interna que explique, cómo y hasta cuánta gente hubo presa que supuestamente denunció a el implicado, no se inició ningún proceso en contra de este.
La gente está consternada y no es para menos, una figura tan tierna que no despierta sospechas es la pesadilla de todo padre, pero no debería sorprendernos puesto que los pederastas terminan siendo casi siempre figuras que representan autoridad o que trabajan con niños, de hecho escogen ese tipo de trabajao precisamente para tener acceso a sus víctimas sin levantar sospechas, por eso es normal que en cada caso que explota el culpable sea: un familiar, curas, pastores, monjas, maestros, psicólogos, médicos, payasos, manejadores infantiles, etc.
El acusado en cuestión manejaba niños y al decir de algunos incluso los explotaba económicamente quedándose con la mayoria de las ganancias que producían en sus presentaciones artísticas y esto era sabido y tampoco se hizo nada.
Pero, ante el agua redamada solo queda pedir justicia, más prudencia a los padres y las autoridades que cumplan con su rol de prevención, porque en este caso en específico pecaron de ineficientes y eso es dándoles el beneficio de la duda.
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