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Irán: el enemigo perfecto en la narrativa del poder”

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Por Abril Peña Abreu

Irán no es atacado por lo que hace, sino por lo que representa. Estados Unidos e Israel no temen tanto a sus drones, a su programa nuclear o a sus discursos encendidos. Le temen a algo más profundo: su desafío a un orden regional que ya no puede sostenerse sin fuego.

Ubicado estratégicamente entre Asia Central y el Golfo Pérsico, Irán controla parcialmente el Estrecho de Ormuz, un cuello de botella por donde fluye el 20% del petróleo mundial. Pero su verdadero poder no está solo en el crudo o el gas natural (de los que tiene reservas en abundancia), sino en su capacidad para resistir y proyectar influencia más allá de sus fronteras.

Desde Líbano hasta Yemen, pasando por Siria, Palestina e Irak, Teherán ha tejido una red de alianzas y grupos armados que desafían a los intereses israelíes y estadounidenses en la región. En lugar de marines, usa milicias. En lugar de tratados, doctrina. Y eso lo convierte en una amenaza para el modelo de dominio clásico que Occidente aún intenta imponer en Medio Oriente.

Israel, por su parte, necesita mantener la superioridad militar absoluta en la región. No admite competencia, ni siquiera ideológica. Cada vez que Irán gana terreno político o militar, Netanyahu encuentra la excusa perfecta para escalar. Y no es casual: Israel ha convertido a Irán en el villano necesario para justificar su política de expansión, su brutalidad en Gaza, y su demanda constante de respaldo militar occidental.

En Estados Unidos, los halcones de Washington tienen claro que no pueden permitir un Irán fuerte comerciando libremente con China o Rusia. No por “libertad” o “democracia”, sino porque eso debilita el petrodólar, abre rutas euroasiáticas sin control norteamericano y desafía el poder de fuego del complejo militar-industrial.

El ataque a Irán no es una guerra, es una doctrina: la de mantener a raya a cualquier país que no se subordine. Como antes fue Irak, como hoy es Venezuela, como mañana podría ser cualquier nación que decida levantarse con soberanía y recursos.

Y mientras la narrativa internacional habla de “amenaza iraní”, en la práctica lo que estamos viendo es un bloqueo geopolítico sistemático contra cualquier posibilidad de equilibrio en la región. Porque sin un “enemigo común”, ni Israel ni EE.UU. podrían justificar su presencia desproporcionada en una región que, paradójicamente, dicen querer pacificar con bombas.

Quizás Irán no sea un modelo perfecto. Pero tampoco lo es una estructura mundial donde los poderosos siguen dictando quién merece vivir en paz… y quién debe arder para mantener esa paz a distancia.