Por Liza María Martínez
“Este articulo lo escribe una joven que entiende que ser joven no significa ser ciego ante los errores de mi propia generación.”
En República Dominicana estamos presenciando algo más que una tendencia digital. Estamos viendo un síntoma.
Hablar del fenómeno Therian puede parecer, para muchos, un tema lejano o propio de realidades extranjeras. Sin embargo, basta entrar a TikTok o Instagram para comprobar que también aquí jóvenes comparten contenidos vinculados a identidades alternativas, comunidades digitales y expresiones que desafían los marcos tradicionales.
La pregunta no es si debemos respetarlos. La pregunta es: ¿qué está pasando para que una generación necesite escapar simbólicamente de su propia condición humana?
Una generación más conectada… y más vulnerable
La Organización Mundial de la Salud advierte que uno de cada siete adolescentes en el mundo enfrenta algún trastorno mental. Ansiedad, depresión y crisis de identidad están en aumento. Y aunque en República Dominicana no siempre contamos con estadísticas actualizadas y transparentes, psicólogos y orientadores escolares reconocen un incremento en conflictos emocionales en jóvenes.
La diferencia con la generación anterior es clara.
Quienes hoy superan los 45 o 50 años crecieron en medio de crisis económicas, apagones, limitaciones materiales y presión social. Sin embargo, la identidad no estaba en debate permanente. No existía una cultura que incentivara redefinir constantemente quién se es frente a una audiencia digital.
Hoy, nosotros los jóvenes enfrentamos otro tipo de presión: la del algoritmo. La validación viene de los “likes”. La pertenencia, de comunidades virtuales. Y la identidad, en muchos casos, se construye más en una pantalla que en el hogar.
El fenómeno Therian no puede analizarse solo como expresión creativa. También debe examinarse como posible reflejo de una generación emocionalmente frágil, que busca refugio ante la presión social, la incertidumbre económica y la falta de referentes sólidos.
¿Es casualidad que este auge ocurra en la era de mayor ansiedad juvenil registrada? Difícilmente.
La generación pasada enfrentó dificultades sin el respaldo psicológico que hoy se promueve, pero desarrolló mecanismos de resiliencia basados en disciplina, límites claros y estructuras familiares firmes.
Hoy, en nombre de la tolerancia absoluta, muchas veces evitamos poner límites por temor a parecer intolerantes.
Y una sociedad sin límites claros produce individuos sin norte.
¿Declive generacional?
Cada generación ha sido criticada por la anterior. Eso es cierto. Pero también es cierto que no todo cambio es sinónimo de avance.
Cuando una parte de la juventud encuentra más identidad en una narrativa animal que en su propio proyecto humano, algo profundo está fallando: en la familia, en la educación o en la cultura.
No es odio decirlo. Es responsabilidad señalarlo.
La generación anterior no fue perfecta, pero transmitía valores claros: esfuerzo, identidad nacional, responsabilidad, límites. Hoy, muchos jóvenes crecen con más información, pero menos dirección.
Una advertencia necesaria
No podemos permitir que el debate se reduzca a “respetar o no respetar”. El verdadero debate es cómo evitar que la fragilidad emocional se convierta en norma cultural.
República Dominicana necesita fortalecer la educación emocional, sí, pero también reafirmar principios que sostengan a la juventud en medio de tendencias que pueden confundir más de lo que orientan.
Porque el peligro no está en una moda aislada.
El peligro está en una generación que puede volverse vulnerable ante cualquier narrativa que le prometa pertenencia sin esfuerzo.
La crítica no es contra los jóvenes.
La crítica es contra una sociedad que, por miedo a incomodar, ha dejado de guiar.



