Por: Luis Ma. Ruiz Pou
“Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder frene al poder”. Montesquieu
La teoría de la separación de poderes fue formulada por Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu, en El espíritu de las leyes (1748). Allí estableció que la libertad política solo puede existir cuando el poder del Estado se divide en tres funciones: legislativa, ejecutiva y judicial. Su reflexión surgió como respuesta al absolutismo monárquico europeo, donde el poder concentrado en una sola persona anulaba cualquier garantía de libertad.
Montesquieu entendió que la razón debía ser la base de la organización política, la libertad el fin del Estado y las instituciones el mecanismo para proteger los derechos. La división de poderes no era un capricho teórico, sino un dique contra el abuso, el nepotismo y la arbitrariedad. La separación de poderes se volvió un estándar universal para garantizar la libertad.
La influencia de la Separación de Poderes en la Constitución de E. U.A., de 1787, sus fundadores: —Madison, Hamilton, Jefferson— estudiaron a Montesquieu y adoptaron los elementos clave de la separación estricta de poderes: Legislativo: Congreso-Ejecutivo: presidente y Judicial: Corte Suprema. Dijo Thomas Jefferson: “Un gobierno sano requiere que ningún hombre tenga tanto poder como para imponerse sobre los otros.” “La concentración de poderes es el camino seguro hacia la opresión.”
Hoy, la administración de Donald J. Trump reproduce los vicios que Montesquieu quiso conjurar: firmar órdenes ejecutivas que invaden competencias del Congreso —como la eliminación de la ciudadanía por nacimiento— limitar la capacidad de los jueces de frenar sus excesos, el presidente concentra en sus manos lo que debería estar dividido. La inmunidad presidencial reconocida por la Corte Suprema no fortalece la democracia, sino que la acerca peligrosamente al absolutismo que Montesquieu.
Montesquieu advirtió que cuando una sola persona controla los tres poderes, la libertad desaparece. La historia enseña que la erosión de los contrapesos no ocurre de golpe, sino por acumulación de gestos que parecen administrativos, pero que en realidad son políticos y profundamente peligrosos. Para Montesquieu, no es: “hacer lo que se quiera”, sino sentirse seguro gracias a leyes justas y a un gobierno que no abuse”.
Estados Unidos es una república constitucional, pero la actual administración, el gobierno tensiona los principios de la separación de poderes. Con su intento de concentrar el poder, Trump ha buscado gobernar mediante órdenes ejecutivas, desplazando al Congreso y debilitando el debate legislativo, está demostrando ser un gobernante monárquico; “como si la Constitución fuera un cetro”, imponiendo su voluntad. “La acumulación de todos los poderes en las mismas manos… puede proclamarse con exactitud la definición misma de la tiranía.”-Ibidem-
La pregunta inicial —¿ha muerto la separación de poderes de Montesquieu? — no es retórica: es un llamado urgente. La democracia estadounidense se enfrenta a un dilema histórico. Si se normaliza que el presidente legisle por decreto, limite a los jueces y manipule organismos independientes, el sistema deja de ser una república de contrapesos y se convierte en un poder personalista. “Las leyes deben ser justas según la realidad propia de cada nación”.-Ibidem-
Montesquieu escribió que “la libertad política no se encuentra sino en gobiernos moderados”. Hoy, la moderación ha sido sustituida por la arrogancia del poder. Y cuando el poder se concentra, la libertad no muere con estrépito: se desvanece lentamente, hasta que un día descubrimos que ya no existe.



