Internacional Opinión

Geopolítica: Los peligros del rearme de Alemania

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El acelerado rearme de Alemania, con una intensidad no vista desde la década de 1930, amenaza con alterar el equilibrio de poder en el continente europeo.


Por Juan González


Alemania se encuentra inmersa en un proceso de rearme cuya intensidad no registra precedentes desde la década de 1930. En apenas cuatro años, el consenso pacifista que articuló su política exterior desde 1945 ha comenzado a derrumbarse, dando paso a una doctrina inédita, caracterizada por el incremento sostenido del gasto en defensa, enfocado en la modernización de las Fuerzas Armadas(Bundeswehr) y en la reactivación de la economía a partir del desarrollo del complejo militar-industrial, con el objetivo de crear el ejército más poderoso de Europa.

El rearme actual de Alemania está determinado por dos factores clave en el ámbito geopolítico. Por un lado, tras la invasión a Ucrania en 2022, Alemania comenzó a mirar a Rusia como una potencia que amenaza su seguridad y la del resto de la Unión Europea, lo que justifica el imperativo de fortalecer su capacidad de disuasión. Por el otro, Estados Unidos tiene como principal preocupación el ascenso de China y no considera a Rusia como una amenaza prioritaria, razón por la cual, tras la llegada de Trump al poder, ha reducido considerablemente el apoyo militar y financiero a Ucrania. Esta bifurcación de los intereses transatlánticos ha llevado a Berlín a asumir que la garantía de seguridad estadounidense ya no es incondicional, lo que refuerza su decisión de avanzar hacia una autonomía en el ámbito militar.

La guerra en Ucrania se percibe, en este contexto, como una lucha geopolítica entre Rusia y la Unión Europea, encabezada por Alemania. Varios países que históricamente han estado bajo la influencia de Rusia, entre ellos Ucrania, Moldavia, Serbia, Albania o Georgia, son oficialmente candidatos a integrarse al bloque comunitario.

La Unión Europea aspira a incorporar a estos países a su órbita política, económica y normativa, mientras que Rusia se opone con firmeza, pues teme perder definitivamente su influencia sobre el llamado «extranjero cercano». Por ello, cada proceso electoral en los países de Europa del Este se convierte en una batalla campal entre candidatos prorrusos y proeuropeos. El caso más reciente fue la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría, considerado el principal aliado de Vladímir Putin dentro de la propia Unión Europea, hecho que ha reforzado al bloque y, en particular, al liderazgo alemán.

Los planes del rearme alemán están plasmados en su primera estrategia militar desde la Segunda Guerra Mundial, publicado el 22 de abril de 2026 bajo el título Gesamtkonzeption militärische VerteidigungVerantwortung für Europa” (Concepción Integral de la Defensa Militar – Responsabilidad por Europa), donde se traza el plan para convertir a las Fuerzas Armadasen la más poderosa en el ámbito convencional del viejo continente hacia 2039, con un mínimo de 460.000 efectivos entre activos y reservistas. Asimismo, el documento proyecta que el gasto en defensa pasará del 2,4 % del PIB en 2025 al 3,5 % en 2029, superando ampliamente el umbral mínimo del 2 % establecido por la OTAN.

Cabe subrayar que Alemania se consolidó como la tercera economía mundial tras desplazar a Japón de esa posición en 2023, y en este 2026 muestra un PIB nominal en torno a los 5,5 billones de dólares, según datos del FMI.

Conviene precisar que, el 24 de febrero de 2022, mientras los tanques rusos avanzaban hacia Kiev, el entonces canciller alemán, Olaf Scholz, pronunció tres días después un discurso ante el Bundestag —el Parlamento alemán— en el que recurrió a la expresión Zeitenwende para destacar que Alemania se encontraba ante un “punto de inflexión” en materia de seguridad y defensa, como consecuencia directa de la invasión de Rusia a Ucrania.

Scholz argumentó ante el Bundestag que la invasión rusa obligaba a su país a aumentar el gasto en defensa para garantizar su seguridad, así como la del resto de Europa, enterrando así el enfoque liberal que promovieron los excancilleres Gerhard Schröder y Angela Merkel, centrado en el término Wandel durchHandel (cambio a través del comercio), pues consideraban que el intercambio comercial con países como Rusia o China podía impulsar una transición hacia la democracia y, por ende, unas relaciones armoniosas con Alemania.

Tras el discurso en el parlamento, Scholz designó al pragmático Boris Pistorius como ministro de Defensa, considerado hoy la figura política más popular de Alemania, quien comenzó a elaborar un plan sostenible orientado a aumentar el gasto militar y amodernizar las Fuerzas Armadas.

En febrero de 2025, se llevaron a cabo elecciones anticipadas en las que la coalición de centroderecha CDU/CSU presentó como candidato a jefe de Gobierno a Friedrich Merz. Aunque la coalición socialcristiana CDU/CSU fue la más votada en esos comicios, no alcanzó los escaños necesarios para formar Gobierno, por lo que tuvo que pactar con el saliente SPD (socialdemócrata) de Scholz una coalición gobernante que reforzó la visión del rearme alemán. Scholz solicitó a Merz varios ministerios, entre ellos, el de Defensa, a fin de que Pistorius se mantuviera al frente de esa cartera y, de esta manera, asegurar la continuidad de la política del rearme alemán.

Por este motivo, los dos principales partidos de Alemania, el SPD y la coalición CDU/CSU, reformaron en marzo de 2025 la Ley Fundamental (Constitución)para flexibilizar el techo de la deuda pública y, de esta manera, destinar más recursos a la modernización de las Fuerzas Armadas.

Alemania ha sido uno de los países más afectados por la invasión de Rusia a Ucrania, ya que alrededor del 55 % del gas natural y el 34 % del petróleo que consumía provenían de esa potencia energética. Las sanciones impuestas por la Unión Europea y Estados Unidos obligaron a Alemania a buscar otros suplidores, lo que se tradujo en combustibles hasta un 30 % más costosos y un golpe directo a la competitividad de sus empresas. A ello se suma que China, mediante el proyecto Made in China 2025, ha logrado desarrollar su industria pesada, especialmente en los ámbitos automotriz y de maquinaria industrial, sectores tradicionalmente fuertes de la economía alemana.

El Gobierno de Friedrich Merz ha decidido revitalizar la economía alemana fortaleciendo su complejo militar-industrial. Por tal motivo, las acciones de Rheinmetall, la principal empresa de defensa alemana, pasaron de unos 850 dólares por acción en marzo de 2025 a 1.460 dólares en abril de 2026, lo que representa un crecimiento consolidado cercano al 70 %. Esta dinámica alcanza también a Krauss-Maffei Wegmann, fabricante del tanque Leopard; a Hensoldt AG, especializada en sensores, radares y otras herramientas tecnológicas; y a ThyssenKrupp Marine Systems, líder naval en la construcción de buques y submarinos convencionales.

En esa línea, los recientes desencuentros públicos entre el canciller alemán Friedrich Merz y el presidente Donald Trump tienen como trasfondo el rearme alemán, pues Berlín busca impulsar un complejo militar-industrial europeo autónomo del estadounidense. Washington, en consecuencia, no está dispuesto a tolerar competidores que desplacen a sus contratistas del lucrativo mercado armamentístico de la OTAN.

El reciente informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) sobre el gasto en defensa de los países destaca que Alemania, en 2025, se ubicó en el cuarto lugar entre los países que más gastaron, con un monto de 114.000 millones de dólares. Vale recordar que en 2022 el gasto en defensa de Alemania fue de 55.000 millones de dólares, según el propio SIPRI. En apenas cuatro años, el gasto en defensa de Alemania se ha duplicado en términos absolutos.

Alemania aspira hoy a desempeñar un papel más relevante en la seguridad y la defensa de Europa, después de décadas de autocontención derivadas de su condición de potencia derrotada en la Segunda Guerra Mundial. Tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación, Alemania ha venido reclamando un rol más determinante en el sistema internacional, sostenido en su peso como principal potencia económica de la Unión Europea, evidenciado durante la crisis del euro de 2010 y la crisis migratoria de 2015. Sin embargo, el acelerado rearme alemán, iniciado a partir de 2022, amenaza con alterar el equilibrio de poder en el viejo continente. La historia enseña que la paz en Europa se aleja cuando Alemania y Rusia están enfrentadas, así como cuando lo están Alemania y Francia.