Por Abril Peña
Desde su primera gestión, el presidente Abinader ha prometido blindar la frontera con Haití. Y sí, ha habido avances: más soldados, más tecnología y más kilómetros de muro. Pero la pregunta sigue siendo la misma:
¿puede realmente el Estado controlar una frontera tan extensa, tan porosa, y tan saboteada desde dentro?
Lo anunciado: más seguridad, más penas, más control
En su último discurso, el presidente incluyó entre sus promesas:
Aumento de tropas a más de 11,000 efectivos. Sanciones severas a militares, policías y funcionarios que participen o encubran redes ilegales. Ampliación del muro fronterizo, con más tramos construidos. Uso de tecnología de punta: drones, cámaras térmicas, sensores de movimiento, torres de vigilancia, escáneres y radares.
Pero con eso no basta.
Una frontera que sigue siendo más grande que la promesa
La frontera domínico-haitiana supera los 390 km. Hasta el momento, el llamado “muro inteligente” tiene apenas 54 km construidos, con 13 km más en proceso. Aún quedan más de 300 km de terreno abierto, zonas remotas, ríos que se cruzan a pie y caminos informales usados históricamente para contrabando y tráfico humano.

Es decir, aunque el muro crezca, la frontera natural sigue siendo más larga que la política.
Usurpación de identidad y un registro civil sin alertas
Existen casos documentados de usurpación de identidad, donde ciudadanos haitianos han recibido cédulas dominicanas de forma irregular.

También se han registrado casos de hombres con 15, 20 o más niños inscritos a su nombre sin que eso active ningún protocolo automático ante la Junta Central Electoral. ¿Cómo es posible que eso no dispare una alarma? ¿Qué sistema permite que eso ocurra sin levantar sospechas?
Esto plantea una pregunta institucional:
¿Qué capacidad real tenemos de detectar patrones anómalos en tiempo real?
¿Qué pasó con las visas?
De acuerdo con datos del Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), entre 2020 y 2022 se emitieron 309,299 visas a ciudadanos haitianos, una cifra menor que en años anteriores, pero aún significativa.

Desde septiembre de 2023, la Cancillería suspendió las visas de turismo para nacionales haitianos, y solo se han otorgado 102 visas por razones humanitarias o comerciales.
El dato llama a reflexión, no por el número actual, sino por lo que plantea hacia atrás:
¿cuántas de esas cientos de miles de visas previas respondieron a criterios claros y verificables?
¿Tenemos hoy un sistema que garantice la trazabilidad de ese proceso?
Este no es un señalamiento, sino una oportunidad: fortalecer la transparencia es tan importante como reforzar la frontera.
La tecnología no basta sin transparencia
Se han instalado drones, sensores, escáneres, cámaras térmicas y otros equipos en puntos estratégicos. Pero toda tecnología requiere operadores honestos y controles cruzados.

De lo contrario, es solo fachada electrónica.
Además, sin una política integral de control territorial—donde el Estado sepa quién vive dónde, quién alquila, quién contrata y quién registra—, la frontera seguirá siendo una línea teórica… no una barrera real.
¿Qué se ha cumplido y qué sigue pendiente?
Cumplido:
Ampliación del muro. Despliegue de tropas. Adopción de herramientas tecnológicas.
Pendiente o a medias:
Penalización efectiva a autoridades cómplices. Control del registro civil.
Auditoría profunda a los consulados. Transparencia total en el sistema de visas.

En resumen blindar la frontera requiere más que muros y soldados. Requiere blindar el sistema, los registros, las oficinas y la conciencia nacional. Porque el problema no empieza en Haití. Empieza aquí, cada vez que un funcionario se vende, cada vez que un sistema no detecta el fraude, cada vez que un país se hace el ciego… y luego se sorprende cuando no puede controlar su propio territorio.
@abrilpenabreu



