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Fray Bartolomé de las Casas: el fraile que acusó al imperio

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Por Abril Peña

Un 31 de julio de 1566 murió Fray Bartolomé de las Casas, un nombre que resuena con fuerza cada vez que se habla de derechos humanos en América Latina. Fue un fraile español, cronista del horror colonial y defensor de los pueblos originarios en una época donde lo común era exterminarlos sin culpa. Pero su figura, como casi todas las que marcaron la historia, no está exenta de matices, contradicciones y dilemas éticos.

El conquistador que se convirtió en denunciante

Nacido en Sevilla en 1484, Bartolomé de las Casas llegó al Nuevo Mundo en busca de fortuna, como tantos otros. Participó de repartimientos de indios y se benefició del sistema de encomiendas. Pero algo cambió tras presenciar las atrocidades cometidas contra los taínos en La Española y Cuba. Renunció a sus privilegios, se ordenó fraile dominico y dedicó su vida a denunciar los abusos del poder colonial.

En su obra más conocida, “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, pintó con crudeza la barbarie cometida por los conquistadores: decapitaciones, esclavitud, exterminios masivos. Su testimonio no solo sacudió conciencias en España, sino que fue usado por siglos por enemigos del imperio para construir la llamada “leyenda negra”. Pero más allá de la propaganda, lo que dejó fue un retrato descarnado de cómo se fundó América: sobre sangre y cenizas.

Legado incómodo

Las Casas logró cosas impensables en su época. Fue nombrado Protector de los Indios por la Corona española. Influyó en la creación de las Leyes Nuevas de 1542, que limitaron —al menos en papel— la esclavitud y el trato cruel hacia los indígenas. Fue un defensor temprano de lo que hoy llamaríamos derechos humanos, siglos antes de que esa categoría existiera.

Pero también ha sido criticado, con razón, por haber propuesto al principio sustituir la esclavitud indígena por esclavos africanos, creyendo —erróneamente— que resistirían mejor el trabajo forzado. Años después se arrepintió, pero el daño estaba hecho. Esa contradicción humana lo acerca más a nosotros: fue un hombre de su tiempo, con luces y sombras, y no un santo inmaculado.

¿Qué nos queda hoy?

En tiempos donde se reescriben estatuas y se revisan relatos fundacionales, Fray Bartolomé de las Casas nos obliga a mirar de frente una verdad incómoda: que las bases de nuestra historia están marcadas por la violencia, pero también por voces que se atrevieron a denunciarla. Su vida es testimonio de que siempre es posible cambiar de bando, que la conciencia puede más que el poder… si se escucha a tiempo.

En el Caribe, donde todo comenzó, y en República Dominicana, donde vio por primera vez el horror, su nombre debería ocupar un lugar más visible en el debate público. No como héroe, pero sí como recordatorio de que el silencio, ante la injusticia, también mata.