Editorial

¿Estamos preparados para recibir niños de 3 años en las escuelas públicas?

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@abrilpenaabreu

El Ministerio de Educación ha anunciado que aceptará niños de 3 años en las escuelas públicas, lo que significará un aumento de matrícula de alrededor de un 30%. La pregunta es inevitable: ¿estamos realmente preparados para eso?

No damos abasto con los niños mayores de 5 años. Hay miles sin cupo. Las aulas están sobrepobladas, muchas escuelas carecen de baños funcionales, agua potable y materiales básicos. El déficit de personal docente y auxiliar es crónico, y en educación inicial —sobre todo en la primera infancia— las condiciones son todavía más exigentes: no más de 20 niños por aula, al menos dos personas en el aula y una dedicada exclusivamente al área de baños, con espacios, mobiliario y materiales adaptados a las necesidades de esta etapa.

En lugar de ampliar de golpe un sistema que ya muestra signos de colapso, ¿por qué no fortalecer lo que sí ha demostrado funcionar? El INAIPI es un ejemplo. Sus centros compiten en calidad con el sector privado, con personal capacitado, instalaciones adecuadas y programas diseñados para el desarrollo integral de la primera infancia. ¿No sería más sensato invertir en la expansión de esta red que en improvisar una integración forzada en un sistema escolar que no está listo para recibir a niños tan pequeños?

Incorporar a menores de 5 años en aulas móviles, o en salones ya saturados, no es inclusión: es un retroceso. La primera infancia es una etapa crítica que define el desarrollo cognitivo, emocional y social de un ser humano. No se trata solo de tener un cupo, sino de ofrecer el entorno correcto.

Si no se hace con planificación, inversión y condiciones reales, el riesgo no es solo que fracase el proyecto: es que dañemos, de manera irreversible, el futuro de una generación.

Antes de “abarcar más”, hay que garantizar que lo que ya tenemos funcione. La educación inicial no admite improvisaciones.