Opinión

La discrecionalidad en la publicidad estatal y la desigualdad en los medios de comunicación

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La concentración de la inversión publicitaria limita las oportunidades para medios pequeños y PYMES de la comunicación en República Dominicana.

Por: Ana Jiménez


Hoy en República Dominicana se habla mucho de transparencia en las contrataciones públicas,
pero poco se discute sobre la enorme discrecionalidad que todavía existe en el manejo de la
publicidad oficial y cómo eso limita las oportunidades para cientos de medios pequeños y medianos del país.

Porque aunque la ley permite contratar publicidad de manera directa con medios de comunicación,
en la práctica eso ha provocado que no todos tengan las mismas oportunidades de participar.

Y ahí está el gran debate.

La discreción con la que muchas veces se maneja la distribución publicitaria termina concentrando
los recursos en los grandes medios tradicionales, mientras los medios pequeños, digitales, regionales
y pertenecientes a las PYMES de la comunicación quedan prácticamente fuera del sistema.

No existe un mecanismo realmente equitativo donde todos puedan competir bajo criterios claros
de audiencia, contenido, alcance o impacto social. Todo queda muchas veces sujeto a decisiones discrecionales.

Y cuando un sistema funciona bajo discreción y no bajo reglas transparentes, inevitablemente se crean desigualdades.

Eso también ha generado deformaciones peligrosas dentro del ecosistema mediático. Algunos espacios terminan
recurriendo al escándalo, a la presión o incluso al chantaje comunicacional buscando llamar la atención
para conseguir publicidad o contratos.

Mientras tanto, otros actores sin estructura periodística ni responsabilidad editorial, como ciertos
llamados “influencers”, logran captar inversiones importantes únicamente por viralidad o cercanía política.

El resultado es un mercado desigual donde muchos medios serios y pequeños no tienen posibilidades reales
de crecer, sostener empleos o fortalecer un periodismo independiente.

La pregunta entonces es:
¿Puede hablarse de democratización de la comunicación cuando la mayoría de los recursos terminan siempre en pocas manos?

Porque la comunicación no debería depender de favoritismos, relaciones o discreción; debería existir
un sistema más transparente y equilibrado donde todos tengan oportunidad de participar en igualdad de condiciones.