El abogado Tomás Castro encendió el debate político al afirmar que las aspiraciones presidenciales de Leonel Fernández para el 2028 dependerían de su estado de salud, llegando incluso a mencionar que padecería cáncer. Sin embargo, hasta el momento no existe ninguna información pública ni confirmación que sustente semejante afirmación.
Ahora bien, si de cáncer político se trata, los adversarios de Leonel tienen su propio diagnóstico. Dicen que el verdadero mal que lo acompaña no está en su cuerpo, sino en su ambición. Una ambición que, según sus críticos, le impide imaginar un escenario donde otro dirigente pueda encabezar un proyecto presidencial.
Para ellos, Leonel sigue actuando como si la República Dominicana estuviera condenada a escoger entre él y él mismo. Tres períodos en el poder, décadas de liderazgo y aún mantiene intacta la convicción de que sigue siendo la única respuesta posible.
Mientras el país discute renovación, relevo generacional y nuevas figuras, Leonel continúa preparándose para otra batalla electoral. Y ahí es donde sus detractores lanzan el dardo: aseguran que el único cáncer que enfrenta es la obsesión de volver al Palacio Nacional.
Porque una cosa es tener experiencia política. Otra muy distinta es creer que el reloj de la política se detuvo el día que uno salió del poder.
Y eso sí que no tiene tratamiento fácil



