@abrilpenaabreu
Las imágenes del Mercado Nuevo de la avenida Duarte no muestran un simple problema de limpieza. Muestran una amenaza sanitaria y de seguridad tolerada durante demasiado tiempo en pleno Distrito Nacional.
Techos destruidos, desperdicios acumulados, baños que parecen chiqueros, perros y personas circulando entre los alimentos, instalaciones eléctricas improvisadas y agua mezclada con sangre corriendo por los pasillos. Allí no existen condiciones mínimas para almacenar, manipular y comercializar productos destinados al consumo humano.
Entonces, ¿dónde están Salud Pública, Pro Consumidor, la Alcaldía del Distrito Nacional y el Cuerpo de Bomberos? ¿Quién inspecciona la estructura, las instalaciones eléctricas, las salidas de emergencia y el cumplimiento de las normas sanitarias?
Lo más preocupante es que no se trata de un mercado marginal. Desde allí se abastecen numerosos comercios y hogares del Gran Santo Domingo. La contaminación que comienza en esos pasillos puede terminar silenciosamente en las mesas de miles de familias.
En 2019, Pro Consumidor ya había advertido sobre la insalubridad y exigido medidas de higiene, fumigación, manejo adecuado de los alimentos y seguridad. En 2024, la Alcaldía anunció una intervención y una limpieza profunda. Sin embargo, las denuncias reaparecieron en julio de 2026 con basura, aguas residuales y registros obstruidos. Es decir, hemos tenido operativos, anuncios y fotografías, pero no una solución sostenible.
Aquí no basta con enviar una brigada durante un día. Se necesita una intervención integral: reparación de la infraestructura, corrección del sistema sanitario y eléctrico, inspecciones permanentes, control de plagas, protocolos obligatorios para manipular alimentos y consecuencias para quienes incumplan.
Hasta ahora, solo Dios parece haber evitado una epidemia, una intoxicación colectiva o un incendio de grandes proporciones. Pero la protección divina no puede seguir sustituyendo la responsabilidad de las autoridades. El Mercado Nuevo debe ser intervenido ahora, no después de que ocurra una desgracia.



