Política

El mensaje de la hija menor de Peña Gómez por el aniversario 24 de su partida

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SANTO DOMINGO. – Este 10 de mayo se cumplen 24 años de la muerte del denominado mayor líder político de la República Dominicana, José Francisco Peña Gómez.

Con motivo de esta fecha la hija menor de extinto líder, Arlene Peña del Orbe, actual cónsul general de la República Dominicana en Milán, Italia, escribió un extenso mensaje, en el cual expresa parte de las virtudes que caracterizaron a su padre, así como algunas de las vivencias compartidas con su progenitor.

En su mensaje la diplomática destaca que su padre nunca dejó de creer en la gente, que nunca se rindió sus sueños de una mejor nación, pese a los innumerables episodios de racismo que tuvo que enfrentar.

“Papi, tú que tanto tenías por enseñarme, no me dijiste adiós y me dejaste”, expresa un párrafo de conmovedora narrativa.

A continuación, el mensaje íntegro de Peña del Orbe sobre su padre Peña Gómez, quien nació el 06 de marzo del 1937 y murió el 10 de mayo del 1998:

Sentiré tu presencia en cada recuerdo de protección, en tus charlas cuestionarios para conocer más de mí, tus consejos casi ruegos para que siempre sea mejor persona, más sabia, más culta, más guerrera.

Enseñaste amar a los animales, el querer buscar el lado bueno a las cosas y el demostrarme que a los débiles se le brinda nuestra fortaleza.

Me enseñaste a luchar por lo que se quiere, a prepararme ante lo desconocido, a brillar por mérito propio, a ser justa, amar sin recompensas, a dar sin espera, a ver más allá de la curvita cómo decías a proteger a todo lo que amo, a valorar el tiempo y apegarme a nada, a vivir para servir y servir para vivir.

De ti también me quedó la búsqueda en las cosas pequeñas, a escuchar en el sonido de las aves, amar el vuelo de tus palomas y el apego a su hogar, que era el tuyo, a ver la belleza de tus pavos reales a través de la apertura de sus alas viéndote sonreír.

Me enseñaste que la vida tiene cosas simples que llenan el alma.

Me quedo con el recuerdo de la fidelidad de tus perros en su amor hacia ti, la sabiduría en tus libros, la compasión con tu gente, el amor por tu familia, la dignidad en tu ejemplo, la fortaleza en tu vida, la ternura, protección y el amor para conmigo.

La debilidad en tus sentimientos, la continuidad en la inmensa pluralidad de tú total entrega, tu perseverancia ante la adversa oposición de la mediocridad intelectualizada, la euforia y el poder opulento de tu portentosa oratoria, la transparencia en tu vida, la fuerza en tu voz, la multiplicidad de la comunicación, en tu amor por los idiomas, lo romántico en tus poemas y detalles.

Lo apasionado en tu predilección por la música y su interpretación, la afición por la escritura, tus gustos por la comida, tu opulencia con tu pueblo, tu ingenuidad ante la maldad, tu piedad ante el ser humano, tu felicidad al servir, tu orgullo antes tus relaciones internacionales, tu dolor ante tu discriminación racial, tu pasión ante la naturaleza y el deseo de protegerla.

Siempre así fui conociendo todas las virtudes y defectos tuyos a través de ejemplos y aun los defectos siempre fueron vistos para sacar virtudes.

Nunca dejaste de creer en la gente, no te rendiste ante tus sueños de una mejor nación.

Tus luchas que nunca sabré descifrar con fechas exactas, pero si con tu entrega y tu amor por las causas.

No te alcanzó el tiempo para conocer a tus padres, tus raíces, pero nunca fue obstáculo para ser mejor.

Nunca dejaste de decirme lo importante que yo era para ti y te encargabas de la mejor forma de hacerme sentir segura, llevándome siempre de besos y abrazos como una canción.

No te sonrió la vida para ser presidente. Tus sueños truncados. Nunca tuviste miedo de luchar por tus ideales, de ver tus triunfos convertidos en derrotas, víctima de fraude y al día siguiente ir detrás de la victoria, dando a tus seguidores aliento de esperanza y de no rendición.

Pocos conocimos de tu ingenuidad, de tus risas cuando te sentías seguro.

No te sonrió la vida para ser presidente, pero nunca tuviste miedo de luchar por tus ideales, de ver tus derrotas y al día siguiente ir detrás de la victoria, dando a tus seguidores aliento de esperanza y de no rendición.

Pocos conocimos de tu ingenuidad, tus risas cuando te sentías seguro, tu debilidad por las cosas simples y puras

Amaste y luchaste por tu país desde la adolescente, cómo solo aman los hombres que no conocen la avaricia ni la ambición por las cosas materiales.

No habrá jamás una persona que ame más su patria y que le haya sido siempre tan arrebatada como mi padre.

Transformaste tantas vidas, diste tanta esperanza, abriste tantas oportunidades para tu gente, lograste tanto cambio para tu país.

Dedicaste toda tu vida a defender los que no tenían voz, a prepararte para conocer el mundo globalizado que nos esperaba a formar tu intelecto con los constantes estudios que realizabas.

Tu entrega fue la muestra más grande

de amor y servicio a tu nación. Mi padre, sin temor a equivocarme, fue el dominicano que más luchó por la democracia.

He conocido el ser más noble con las causas más justas, igualdad para todos.

Recuerdo una vez que me castigaste porque hice algo mal y al cabo de unos minutos ya estabas retirando el castigo y me preguntaste, mi hija, ¿verdad que ya no lo vuelves hacer?  Ese que ante mis desaciertos encontraba una salida cargada de confianza y guía para mí.

Ahora te encuentro en cada gente humilde recordando tu grandeza con historias alentadoras, en los multitudinarios mítines que me hacen recordarte y que muchas veces sacan lágrimas de mis ojos porque te veo a mi lado, diciendo mi hijita mira cuánta gente quiere a tu papito, mira, mira.

Cuánta gente en las vallas gigantescas con tu cara que me hacen sentir que al llegar la noche podré verte, en tus frases eternas de “primero la gente” que siguen resonando marcando esperanza en la gente, en el perdón que doy antes de pedírmelo porque libero mi alma y fue lo único que te hizo libre siempre, en la buena voluntad hacia los que menos tienen, en los conflictos político donde siempre buscabas una salida armónica para todos, en mis viajes, donde te veía recorrer siendo yo una niña y donde tu nombre es signo de orgullo, en tantas calles, escuelas, en los ayuntamientos.

En el aeropuerto que lleva tu nombre, en el vacío de la política, en cada persona que añora tu presencia y extraña tu humanidad y forma de hacer y ver la política.

Exclamando cuanta falta hace Peña, te encuentro en las casas lindas del campo, que amabas tanto porque querías retirarte a vivir allí, en el olor del perfume agua de Guerlain que me llevan a tu espacio físico.

Te encuentro en la fortaleza que me da ser tu hija, para seguir tu legado de buena voluntad y amor al prójimo.

Nunca dejaste de decirme todo lo que yo era para ti y con tanta gente a tu alrededor me sentía única en tu vida.

Te recordaré siempre, en cada suspiro de anhelo, en el regalo más grande que Dios pudo darme, el tenerte como papá y en la búsqueda del amor más puro y desinteresado.

Te encuentro en la humildad de nuestro presidente Luis Abinader y el gobierno, que es el que soñaste para los más desposeídos, te encuentro cada segundo en mis mejores recuerdos y en la tristeza más honda a causa de tu partida.

Papi, tú que tanto tenías por enseñarme, no me dijiste adiós y me dejaste.